Empecemos con una obviedad. El cine es un negocio. Lo es, pese a la cantidad de autores que proclamen lo contrario. Pese a las ansias de alcanzar un arte inteligible o unas denuncias sociales razonables. Es el negocio del entretenimiento. Y parte de ese negocio parte de hacerlo lo más rentable posible. Gracias a ello los distribuidores pueden cobrar la entrada en cine, después el alquiler, venta de película para su uso privado e incluso venta de derechos para TV. Algo parecido pasa con los formatos para la reproducción en casa, primero fue el VHS (fulminando al BETA), después el fallido Laser Disc, el popular DVD, el renovado Blue-Ray... El objeto es hacernos pasar cuantas más veces mejor por caja. Ante estos usos y abusos tecnológicos por parte de la industria cinematográfica (entre otras muchas) la piratería funcionaba como una especie de Robin Hood que prometía darnos la gratuidad en tiempos de impuestos excesivos. La industria no ha tardado en contestar con una respuesta “novedosa”. Han desempolvado el viejo invento del 3D, dispuestos una vez más a vendernos el mismo anzuelo una vez tras otra. Teniendo en cuenta que el invento de esta ilusión óptica data de 1838 (fue inventada por Charles Wheatstone) y que las primeras películas en 3D (The Power of Love y Movies of the Future) se remontan al año 1922, creemos algo presuntuoso decir que esto es el invento del milenio, y cobrar 3 euros más por entrada por ello. El gran apogeo del 3D clásico se produjo en los años 50, dando grandes películas como Los Crímenes del Museo de Cera, y aplicado sobre todo a la ciencia ficción en títulos menores como Robot Monster o It Came From Outer Space. En aquella época los distribuidores llegaron más allá, ofreciendo salas que vibraban o expulsaban olores que ayudaran al espectador a captar la atmósfera del film. El 3D ha permanecido desde entonces como un reducto minoritario, un invento fallido que producía más dolores de cabeza que sensaciones espectaculares. Hasta la llegada de James Cameron y la renovación de la vieja tecnología en la película Avatar. A raíz del monstruoso éxito de la película muchos han cedido al invento (incluyendo a popes como Tim Burton o George Lucas) y han adaptado sus películas al nuevo formato. El resultado es una nueva moda que durará menos de lo que esperan estos nuevos reyes midas. Una moda que no mejora gran cosa el producto original y sí empeora algunos aspectos (oscurece la pantalla), y que parece destinada a un nuevo destierro tras este nuevo boom.EL NEGOCIO DEL SÉPTIMO ARTE Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
Empecemos con una obviedad. El cine es un negocio. Lo es, pese a la cantidad de autores que proclamen lo contrario. Pese a las ansias de alcanzar un arte inteligible o unas denuncias sociales razonables. Es el negocio del entretenimiento. Y parte de ese negocio parte de hacerlo lo más rentable posible. Gracias a ello los distribuidores pueden cobrar la entrada en cine, después el alquiler, venta de película para su uso privado e incluso venta de derechos para TV. Algo parecido pasa con los formatos para la reproducción en casa, primero fue el VHS (fulminando al BETA), después el fallido Laser Disc, el popular DVD, el renovado Blue-Ray... El objeto es hacernos pasar cuantas más veces mejor por caja. Ante estos usos y abusos tecnológicos por parte de la industria cinematográfica (entre otras muchas) la piratería funcionaba como una especie de Robin Hood que prometía darnos la gratuidad en tiempos de impuestos excesivos. La industria no ha tardado en contestar con una respuesta “novedosa”. Han desempolvado el viejo invento del 3D, dispuestos una vez más a vendernos el mismo anzuelo una vez tras otra. Teniendo en cuenta que el invento de esta ilusión óptica data de 1838 (fue inventada por Charles Wheatstone) y que las primeras películas en 3D (The Power of Love y Movies of the Future) se remontan al año 1922, creemos algo presuntuoso decir que esto es el invento del milenio, y cobrar 3 euros más por entrada por ello. El gran apogeo del 3D clásico se produjo en los años 50, dando grandes películas como Los Crímenes del Museo de Cera, y aplicado sobre todo a la ciencia ficción en títulos menores como Robot Monster o It Came From Outer Space. En aquella época los distribuidores llegaron más allá, ofreciendo salas que vibraban o expulsaban olores que ayudaran al espectador a captar la atmósfera del film. El 3D ha permanecido desde entonces como un reducto minoritario, un invento fallido que producía más dolores de cabeza que sensaciones espectaculares. Hasta la llegada de James Cameron y la renovación de la vieja tecnología en la película Avatar. A raíz del monstruoso éxito de la película muchos han cedido al invento (incluyendo a popes como Tim Burton o George Lucas) y han adaptado sus películas al nuevo formato. El resultado es una nueva moda que durará menos de lo que esperan estos nuevos reyes midas. Una moda que no mejora gran cosa el producto original y sí empeora algunos aspectos (oscurece la pantalla), y que parece destinada a un nuevo destierro tras este nuevo boom.MUSICALES DESQUICIADOS!!!!!!
El género musical es la esencia del llamado séptimo arte. Lo es desde la llegada del sonoro, cuya primera película, The Jazz Singer (1927) era un musical. Pero incluso antes, con el cine mudo, las salas precisaban de un pianista que acariciase las imágenes con música para ayudar al espectador a introducirse en la historia. El género musical, heredero directo de las viejas sesiones del vaudeville, ha permanecido durante décadas como sinónimo del cine como evasión. De este modo las guerras o crisis económicas han funcionado como enormes catalizadores del género, ya que en estos momentos el público necesitaba olvidar sus terribles y grises cotidianeidades para sumergirse en la magia del cine. El musical ha dado grandes obras al cine. Cantando Bajo la Lluvia, West Side Story o Calle 54 prevalecen, entre muchas otras, como obras maestras. Pero también ha dado muchas rarezas dignas de mencionar como algunas de las películas más extravagantes o curiosas jamás realizadas.
LOQUILANDIA (Hellzapoppin, 1941) de H. C. PotterMás loca y surrealista que cualquier cinta de los Hermanos Marx, esta genialidad merece estar en el podio de las películas más desquiciadas de todos los tiempos. Tan adelantada a su tiempo que cuarenta años después Aterriza Como Puedas copiaba alguno de sus gags. El comienzo es uno de los números musicales más salvajes de la historia del cine, con demonios azotando infieles y diálogos de manicomio. Las canciones del resto de la película tienen gancho, pero lo mejor viene al final, con un hombre que carga un árbol, el monstruo de Frankenstein, hombres sin piernas, piernas sin hombres, número del oeste, ballets y lo más zoofílico que he visto en pantalla, caniches que se deslizan por la entrepierna de acróbatas. Si sigues cuerdo al final, ésta es tu lista.
UNA CABAÑA EN EL CIELO (Cabin in The Sky, 1943) de Vincente MinelliLa primera obra del genio de la Metro, Vincente Minelli, fue una película minoritaria, dirigida al público negro. Presenta estereotipos bastante simples de los afroamericanos, propios de la época, y se basa en una mitología cristiana bastante plana. Aparte de eso es una joyita a recuperar, con escenas delirantes y una deliciosa Lena Horne ejerciendo de tentadora (encima de afroamericana, mujer, doble estereotipo). Pero lo mejor es la aparición de dos grandes del jazz como Duke Ellington y Louis Armstrong, que hace de diablo.
UNA RUBIA EN LA CUMBRE (The Girl Can’t Help It, 1956) de Frank TashlinProtagonizada por Tom Ewell, el marido tentado de La Tentación Vive Arriba y esa mezcla mitómana y pechugona de Marilyn Monroe y Sleepy Hollow que fue Jayne Mansfield, y comandada por el director de la mayoría de las películas de Jerry Lewis, si por algo es conocida esta comedia es por contar con la presencia de algunas de las mayores estrellas del rock’n’roll de los cincuentas. Entre ellos, Gene Vincent, The Platters, Fats Domino, un exultante Eddie Cochran y la reina del rock’n’roll, Little Richard, con algunas de sus mejores canciones.
LAS SEÑORITAS DE ROCHEFORT (Les demoiselles de Rochefort, 1967) de Jacques DemyEl francés Demy fue el gran renovador del género musical con su obra maestra de 1964, Los Paraguas de Cherburgo, donde todos los diálogos eran cantados, de la primera a la última línea. Con su segunda incursión en el musical quiso homenajear al musical americano, con escenarios warholianos y la música de Michel Legrand funcionando como el hilo a seguir de esta ópera ultra-pop. En el reparto repite Catherine Deneuve junto a su malograda hermana Françoise Dorléac, muerta en un accidente tras el estreno de la película. Entre los ilustres invitados encontramos al maestro Gene Kelly y a George Chakiris, el inolvidable Bernardo de West Side Story.
DAME UN POCO DE AMOOOR (1968) de José María ForquéDecir que Dame un Poco de Amooor es la Help española sería pasarnos un poco. Ni Forqué es Richard Lester ni los Bravos son The Beatles. Pero sí hay una lectura castiza y casposa de la genial y surrealista película de los Fab Four, con numerosos puntos en común, como la estética comic o las referencias a Fu-Manchú. El resultado es un batiburrillo yeyé, con Tip y Coll como ilustres invitados y una genial escena final de animación en que Mike Kennedy y sus secuaces son superhéroes que luchan contra ogros mientras cantan una de sus mejores canciones, Bring A Little Loving.
LA LEYENDA DE LA CIUDAD SIN NOMBRE (Paint Your Wagon, 1969) de Joshua LoganEsta película fue un rotundo fracaso en taquilla en casi todo el mundo. Curiosamente en España tuvo un seguimiento arrollador, llegando a reponerse en los cines durante años. Muestra de la megalomanía a la que llegó el género en los sesentas, a punto estuvo de hundir a su productora, siendo uno de los mayores fiascos de la historia del cine. Pero, dejando los números a parte, la película es un western musical deliciosamente amoral, donde Lee Marvin y Clint Eastwood cantan, ¡con sus propias voces! Una joya que hace de sus mayores defectos sus mejores virtudes. Por cierto que su director ya había probado anteriormente el musical con otro título desquiciado, Camelot (1967)
EL FANTASMA DEL PARAÍSO (Phantom Of The Paradise, 1974) de Brian de PalmaUn año anterior a la mucho más conocida (e inferior) The Rocky Horror Picture Show, El Fantasma del Paraíso es la obra cinematográfica definitiva del glam rock. Con un relato que bebe tanto de El Fantasma de la Ópera y Fausto como de los shows de Alice Cooper en los años 70, esta joya se convierte en las manos de un joven Brian de Palma en una delirante pieza pop llena de momentos inolvidables. El villano está inspirado en el tiránico productor Phil Spector, interpretado por el compositor de su estupenda banda sonora, el diminuto y siniestro Paul Williams, intérprete y compositor de canciones para los Carpenters y los Teleñecos, entre otros (si eso no es siniestro, ¿qué lo es?).
LENNY (1974) de Bob FosseLenny es un musical. Bueno, mucha gente podría discutir eso. Porque de hecho es un musical sin canciones. Pero el director es Bob Fosse, antiguo coreógrafo y director de joyas como Cabaret o All That Jazz, y de hecho estructura la película como si fuese un pieza del género, con los monólogos de Lenny Bruce ejerciendo de interludios musicales. De ese modo, este biopic del terrorista del humor se convierte en una película más musical que la mayoría. Un relato siniestro capaz de mirar a la cámara y mostrar entre luces y sombras de un apabullante blanco y negro sus mejores virtudes y mayores hipocresías. Y cuenta con una de las mejores interpretaciones del monstruoso Dustin Hoffman.
NEW YORK, NEW YORK (1977) de Martin ScorseseScorsese, apasionado cinéfilo, quiso homenajear a los musicales de la Metro con esta obra. De hecho su protagonista, Liza Minelli (por entonces pareja sentimental del director italoamericano), es hija de uno de los mitos del musical, Judy Garland. Pero le dio su toque. El resultado es una película tan genial como extraña, que mezcla a partes iguales la historia musical de los años 40, con el ocaso de las big bands y el surgimiento de los vocalistas estrella y el be bop, con la amargura de las relaciones tormentosas propias de películas del director de Toro Salvaje. Liza se sale, y su New Yok, New York (el original) es algo que nunca pudo igualar Sinatra. Y el metódico Robert De Niro consigue dibujar un personaje desagradable pero encantador, y aunque no suena su saxofón en la película, sí llegó a aprender a tocarlo, como buen hijo del actor’s studio.
SGT. PEPPER'S LONELY HEARTS CLUB BAND (1978) de Michaerl SchultzCon la escusa de hacer una película con canciones de The Beatles se juntaron The Bee Gees y la superestrella de los setenta Peter Frampton en uno de los proyectos musicales más bizarros de todos los tiempos. En su reparto encontramos a actores como Steve Martin o Donald Pleasance junto a bandas como Aerosmith, Alice Cooper o Earth, Wind & Fire. Algunas actuaciones, como la del colaborador de los Beatles Billy Preston, son buenas. De otras mejor no hablamos. Por ahora nadie se ha atrevido a editarla en dvd.
EL MAGO (The Wiz, 1979) de Sidney LumetQue alguien me explique cómo un director del prestigio de Sidney Lumet (Doce Hombres sin Piedad, Tarde de Perros, Network…) acabó dirigiendo la versión Motown, y por tanto negra, del Mago de Oz. El resultado es toda una rareza kitsch al servicio de una Diana Ross demasiado entrada en años para hacer creíble su Dorothy, un Michael Jackson haciendo un espantapájaros más saltimbanqui de lo habitual y Richard Pryor como el Mago de Oz.
XANADU (1980) de Robert GreenwaldConsiderada una de las 10 mejores peores películas de todos los tiempos por los fundadores de los premios Razzie. También tiene el honor de haber recibido el primer premio Razzie al peor director. Entre sus virtudes, haber juntado a Olivia Newton-John, que probó la amargura del fracaso tras el boom de Grease, y a Gene Kelly, en su desafortunada última aparición frente a las cámaras. La música la puso el grupo ELO y los bailarines van sobre patines, ¿alguien da más?
PADRE NO HAY MÁS QUE DOS (1982) de Mariano OzoresA alguien se le ocurrió la genial idea de hacer una película de Pajares y Esteso para todos los públicos, y para ello les unieron a Tito y Piraña, de Verano Azul, a la irritante estrella infantil Chispita y al perro pulgoso de las películas de Parchís. Por si la mezcla no fuera lo suficientemente explosiva, aparecen en un número vestidos de Frankenstein e Igor, y en otro de macarras con el grandioso tema Colega, Mola un Montón. Para salvaguardar la moral de los infantes no hay protuberancias mamarias a la vista.
FORBIDDEN ZONE (1982) de Richard ElfmanEsta rareza cuenta las visicitudes de un mondo subterráneo al que se llega por un conducto digestivo, poblado por una rana con forma humana, una sádica ninfómana, un par de hermanos salidos de Los Tres Chiflados y un enano libidinoso como rey. El resto son canciones desquiciadas de Cab Calloway y mucha mala baba underground. Es la opera prima de Richard Elfman, hermano del famoso compositor de las películas de Tim Burton, Danny Elfman, quien aparece en la película como demonio junto a su grupo de entonces, los Oingo Boingo. Pero el gran protagonista es el enano Hervé Villechaize, compañero de Christopher Lee-Scaramanga en la película Bond El Hombre de la Pistola de Oro y el doble de Felipe González a quien Javier Gurruchaga le hizo una famosa entrevista televisiva ochentera.
LA FELICIDAD DE LOS KATAKURI (Katakuri-ke no kôfuku, 2001) de Takashi MiikeLa obra musical del milenio, dirigida por el director más radical, el japonés Miike, autor de genialidades extremas como Dead Or Alive o Gozu. Una mezcla llena de sorpresas entre Sonrisas y Lágrimas y La Noche de los Muertos Vivientes en la que no faltan luchadores de sumo pederastas, números musicales al estilo Hollywood, animación gore y hasta una canción de karaoke.
LA VIDA EN UNA CELDA MÁS GRANDE
En un tiempo donde la libertad se sacrifica en nombre de una supuesta seguridad. Donde las cámaras de vídeo llenan nuestras calles y los policías son descontrolada legión. Donde unos medios de información alarmistas y amarillistas llaman al encerramiento masivo. Donde hay más presos que nunca y la única solución bien vista hasta para el crimen más inofensivo es la prisión. Donde se propone endurecer las penas a menores y el regreso de la cadena perpetua. Pero, sobre todo, en un mundo de almas encadenadas a hipotecas y contratos basura. De gente encerrada en un mundo de incomunicación y miedo… En este tiempo no es de extrañar que se vuelvan a poner de moda las películas de cárceles. Género claustrofóbico y ocasional donde los haya, el cine carcelario ha dado grandes joyas de cine. El éxito reciente de las películas Celda 211 (Daniel Monzón, 2009), gran ganadora de los Goya, y la excepcional Un Profeta (Jacques Audiard, 2009) son muestras aisladas del renacer de un género aislado.Las prisiones han sido caldo de grandes momentos cinematográficos. Podemos encontrar cárceles en géneros tan dispares como el musical, El Fantasma del Paraíso (Brian de Palma, 1974, la comedia, The Blues Brothers (John Landis, 1980), la ciencia ficción, La Naranja Mecánica (Stanley Kubrick, 1971) o el cine negro, Uno de los Nuestros (Martin Scorsese, 1990). Pero más allá de apariciones en escenas esporádicas trataremos en este artículo de películas que desarrollan la mayor parte de su argumento entre rejas, de otro modo la lista sería inabarcable.
Las primeras películas a rescatar son melodramas ambientados en prisión con bastante moral en contra de los malos hábitos que llevan a estar en prisión y ambientación de cine negro. Como en muchos otros géneros, Howard Hawks fue el pionero con The Criminal Code (Howard Hawks, 1931), primera película en la que aparecía Boris Karloff, a la que seguirían dos versiones de San Quentin (Lloyd Bacon, 1937), la primera, con Humphrey Bogart, y la inferior San Quentin (Gordon Douglas, 1946).La primera obra grande carcelaria es Quiero Vivir (Robert Wise, 1958), denuncia adelantada a su tiempo de la pena de muerte, con una magnífica actuación de Susan Hayward. A raíz de esta joya el género carcelario adquirirá en muchos títulos características de reivindicación social.
La gran cinta en Europa es la francesa La Evasión (Jacques Becker, 1960), obra maestra y legado de su director y exhaustivo relato de la fuga de una prisión.
En El Hombre de Alcatraz (John Frankenheimer, 1962) el género adquiere un tono pausado para contar la historia real de un preso, interpretado por Burt Lancaster, que se convierte en prisión en un ornitólogo de fama mundial.La Gran Evasión (John Sturges, 1962) es el ejemplo por antonomasia de la adaptación del género carcelario al escenario bélico. Un clásico del cine de acción, con Steve McQueen en uno de sus papeles legendarios, que se convertiría en obra de referencia para muchas otras, aunque el cine bélico cuenta con grandes historias desarrolladas en campos de prisioneros, como la magnífica Traidor en el Infierno (Billy Wilder, 1953) o la oscarizada El Puente Sobre el Río Kwai (David Lean, 1957), también con William Holden y un enorme Alec Guinness. En el apartado de cine internacional, la japonesa No Hay Amor Más Grande (Masaki Kobayashi, 1959), primera parte de la trilogía La Condición Humana, es todo un canto no violento de la que beben demasiado películas como La Chaqueta Metálica.
El western también nos ha dado ejemplos de ambientes carcelarios, sin ir más lejos uno de sus clásicos, Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) se desarrolla en la celda de una oficina del sheriff. Ese leit motiv se repite en muchas películas del oeste, pero si hablamos de penitenciarías clásicas recomendamos revisar El Día de los Tramposos (Joseph L. Mankiewicz, 1970), que a pesar de ser una de las películas más mediocres del director de Eva al Desnudo y La Huella sigue siendo una curiosa mezcla de géneros (comedia, western…) y cuenta con un reparto excepcional (Kirk Douglas, Henry Fonda, Warren Oates…).
Stuart Rosenberg se convertiría en uno de los directores que mejor supo trasladar el ambiente carcelario al cine, añadiendo a películas entretenidas y emocionantes las dosis justas de crítica social. Sus dos grandes aportaciones son La Leyenda del Indomable (Stuart Rosenberg, 1967), uno de los papeles más recordados de Paul Newman, y la estupenda Brubaker (Stuart Rosenberg, 1980) con el colega de Newman, Robert Redford, tomando el relevo como alcaide de una cárcel corrupta. Ésta última tiene el aliciente de ver el primer papel de Morgan Freeman.Otro subgénero a considerar son las películas ambientadas en psiquiátricos, donde brillan joyas como Corredor sin Retorno (Samuel Fuller, 1963) o Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco (Milos Forman, 1975).
Papillón (Franklin J. Schaffner, 1973) es otra de las cumbres del cine carcelario, con Steve McQueen de nuevo y un glorioso Dustin Hoffman que consiguen una química maravillosa en esta historia real de fugas imposibles.
En el otro extremo está El Expreso de Medianoche (Alan Parker, 1978), cinta con guión de Oliver Stone que hizo peligrar las relaciones institucionales entre EEUU y Turquía por dar una visión casi masoquista de las cárceles turcas.
Fuga de Alcatraz (Don Siegel, 1979) fue la quinta colaboración entre Clint Eastwood y el infravalorado director de Harry el Sucio, y en la práctica una de las mejores cintas de acción ambientadas en una cárcel. Una joyita entretenida y emocionante con muchos de los clichés que luego repetirían otras cintas hasta la saciedad.
Bad Boys (Rick Rosenthal, 1983) supuso el descubrimiento de Sean Penn y es una historia de adolescentes en prisión. Por otro lado contiene uno de los mayores gazapos de la historia del cine, ya que en la pelea final podemos ver durante bastantes segundos a un equipo de grabación entero.Más de lo mismo, Encerrado (John Flynn, 1989) hecha para lucimiento de Sylvester Stallone y Libertad para Morir (Deran Sarafian, 1990), idem para Jean-Claude Van Damme, representan lo peor del género. Un montón de tópicos y situaciones repetidas con mucha venganza y palizas entre medias, propias del cine de acción musculoso de los 80.
En España, Todos a la Cárcel (Luis G. Berlanga, 1993), fue la traducción del género esperpéntico y coral de Berlanga al mundo del presidiario. Una comedia muy inferior a las obras maestras del director.
Cadena Perpetua (Frank Darabont, 1994) supuso un acercamiento sentimental a la prisión, con denuncia de por medio y muchas buenas intenciones. El mismo director volvería a adaptar a Stephen King en la inferior La Milla Verde (Frank Darabont, 1999). La cárcel había adquirido para entonces un halo de redención en obras como las mencionadas o American History X (Tony Kaye, 1998), en la que Edward Norton superaba su racismo entre rejas. También con Norton y ese tufillo redentor, La Última Noche (Spike Lee, 2002), cuenta con una perspectiva interesante al narrar las últimas veinticuatro horas de un hombre que va a ingresar en prisión. Por otro lado las taquillas seguían agradeciendo las historias de encarcelamientos injustos basados en casos reales, como Huracán Carter (Norman Jewison, 1999).
Una de las joyas recientes es Big Bang Love, Juvenile A (Takashi Miike, 2006), una cinta perversa y poética a partes iguales que bebe del mejor surrealismo de su genial director, el japonés Takashi Miike.Dos cintas como Leonera (Pablo Trapero, 2008) y El Patio de mi Cárcel (Belén Macías, 2008) han servido recientemente para dignificar el cine de mujeres presas, un subgénero que tradicionalmente sólo se utilizaba con fines eróticos como en las cintas de sexploitation Women in Cages, Correccional de Mujeres o Un Macho en una Cárcel de Mujeres, en las que las mujeres en prisión vestían camisetas ceñidas y gustaban de azotarse en pleno éxtasis masoquista.
Los últimos hallazgos de este cine marginal han sido auspiciadas por el gran éxito en televisión de Prison Break, una serie que resume en su primera temporada lo mejor del cine de acción de ambiente carcelario para perderse en sus siguientes temporadas en el limbo. Celda 211 cuenta con unos enormes actores para levantar una historia anecdótica con ciertos tintes de crítica social. Mientras tanto, Un Profeta es la última gran obra a tener en cuenta en el cine de cárceles. Una obra épica que recoge lo mejor del género enfrentándolo al cine negro clásico y a la poesía del cine europeo. Una obra imprescindible.
Mientras esperamos la siguiente cinta de presos, quedémonos con su sabroso mensaje. Siempre hay celdas más pequeñas y cadenas más prietas que las nuestras. Pero algunos espectadores no se contentan con eso… y preparan su fuga.
¡CANTANTES ACTORES! (1)
Hoy ha muerto una de esas figuras oscuras y pintorescas que, sin llegar a ser nunca un músico de primer orden, constituyen la base de la música norteamericana. Jerry Reed, cantante y compositor, consiguió varios éxitos country en los 70 y primeros 80, pero sin duda es más conocido por su faceta como compositor: Elvis Presley grabó dos de sus mejores temas, U.S. Male y Guitar Man, Johnny Cash hizo lo propio con A Thing Called Love y también cantaron temas suyos Brenda Lee, Tom Jones, Dean Martin y Nat King Cole. En los 70, y en paralelo a su carrera musical, Reed participó en varias películas, siendo la más destacable Los Caraduras (Smokey and the Bandit, 1977), en que compartía protagonismo con la estrella del momento, Burt Reynolds. Su última película antes de morir fue El Aguador (The Waterboy, 1998) junto al petardo de Adam Sandler. Con una filmografía de 20 títulos, Reed es un ejemplo de un caso que trataremos en varios capítulos porque hay tela para cortar. Hablamos de los cantantes que se deciden a actuar y probar suerte en el cine. Ya en Mayo de 2008 hablamos de los actores que se animaron a grabar algún disco, y ahora toca la respuesta de los honorables miembros de la industria musical. Y el señor Reed nos obliga a empezar nuestro repaso por la música country.
Jerry Reed (derecha) junto a Burt Reynolds en Los Caraduras
Reed fue un ejemplo a seguir por otros cantantes country y que bebe de los primeros cantantes vaqueros de la televisiones y los seriales matinales del cine. Pero si hay un artista que ejemplifica a la perfección la figura del cantante-actor es Kris Kristofferson. Uno de los grandes renovadores de la escena country a finales de los 60, Kris es un cantante reconocido mundialmente que además es considerado uno de los más importantes compositores del género gracias a temas como Help Me Make It Through The Night o Me And Bobby McGee. Este último tema se hizo mundialmente famoso después de que la genial Janis Joplin lo interpretase. La amistad entre ambos artistas era tan grande que tras la muerte de Joplin por sobredosis en 1970, un desencantado Kristofferson abandonó la música para dedicarse al cine. Desde luego con el tiempo Kris volvió a cantar, pero compaginando su música con una carrera cinematográfica interesantísima.
Kristofferson, de nuevo en Pat Garrett y Billy the Kid, junto a Bob Dylan
Kris tuvo la suerte de trabajar con otro de los grandes directores de la historia del cine, Martin Scorsese, en una de sus primeras películas, Alicia Ya No Vive Aquí (Alice Doesn't Live Here Anymore, 1974), una película feminista y atípica del director que contaba con grandes actores como Harvey Keitel y la maravillosa Ellen Burstyn. La película dio origen a la serie Alice e hizo que Kris saliera indirectamente en una de las obras maestras del cine, Taxi Driver, de Scorsese. En la película Cybill Shepherd le habla de Kris a Robert de Niro (Travis Bickle) y éste le regala a ella uno de sus discos. En 1976 protagoniza junto a Sarah Miles una de sus películas más polémicas, El Marino Que Perdió la Gracia del Mar (The Sailor Who Fell from Grace with the Sea), adaptación de la novela de Yukio Mishima (de quien hablamos el mes pasado, por cierto) en la que impactó tanto su brutal historia como los desnudos integrales de los protagonistas. Kris fue nominado al Globo de Oro por su papel.
Kris protagonizó la tercera (y peor) adaptación a la pantalla de Ha Nacido Una Estrella (A Star Is Born, 1976) tras la imposibilidad de Elvis Presley de participar en ella. Acompañado por Barbra Streisand, la película cuenta la historia de una estrella de rock en declive. Kristofferson mantuvo su carrera cinematográfica durante los años 80 y 90, logrando participar en éxitos como Lone Star (1996), Blade (1998) o la versión de Tim Burton de El Planeta de los Simios (Planet of The Apes, 2001). Kris ha sabido compaginar una sólida carrera musical con una interesante y comercial carrera cinematográfica con casi un centenar de títulos a sus espaldas.
Un Kristofferson ya talludito escucha a la Creedence mientras cura a Wesley Snipes en BladeOtros artistas del country quisieron dar el salto a la gran pantalla, aunque ninguno con la calidad de Kristofferson. El legendario Johnny Cash participó en algunas películas, siendo especialmente notable el protagonizar junto a Kirk Douglas El Gran Duelo (Gunfight, 1971). Kenny Rodgers también ha participado en numerosas producciones televisivas y Willie Nelson hace frecuentes cameos en películas de gran presupuesto.
Por el lado femenino tenemos a uno de los iconos más reconocibles del country, Dolly Parton, quien ha participado en varias comedias, tanto como actriz como en la banda sonora, más notablemente Como Eliminar a su Jefe (9 to 5, 1980), junto a Jane Fonda, y La Casa Más Divertida de Texas (The Best Little Whorehouse in Texas, 1982) en que se notaba la química con su compañero de reparto, de nuevo Burt Reynolds. En futuros capítulos hablaremos de otros géneros como el pop y el rock que han dado grandes, o cuanto menos curiosos, cantantes-actores.
ROGER CORMAN
Descubran sus cabezas porque hoy hablaremos de una de las figuras esenciales del cine americano. También de uno de los personajes más infravalorados de la historia del cine. No es ningún misterio por qué Roger Corman se ha convertido en uno de los personajes malditos del séptimo arte, ya que ha dedicado toda su carrera a ser un pirata. El mayor objetivo de Corman siempre ha sido ganar dinero produciendo películas baratas, grabadas de forma rápida y adaptadas a los gustos juveniles, sin preocuparse de su valor artístico pero con resultados inquietantemente brillantes en ocasiones. Sirva como ejemplo una anécdota de una de sus producciones, la primera película de Peter Bogdanovich (director de joyas de la comedia como ¿Qué Me Pasa, Doctor? o ¡Que Ruina de Función! y actor ocasional como en su popular papel de psiquiatra de la doctora Melfi en la genial serie Los Soprano), la brillante Targets (1968) titulada en España con un bizarro nombre, El Héroe Anda Suelto. Corman ejerció de productor de este film y le ofreció a Bogdanovich su primera oportunidad como realizador. La propuesta que le hizo Corman rozaba lo burlesco, le dijo que acababa de terminar una película con el mítico Boris Karloff y le había sobrado metraje, además Karloff le debía dos días de trabajo. Corman le propuso al joven e inexperto director que usara el metraje sobrante, rodase los dos días con Karloff y grabase el resto con otros actores, y luego lo juntara todo en una película. Milagrosamente Peter Bogdanovich consiguió una excelente película que al final distribuyó fuera de los limitados medios de Corman, pero la anécdota sirve para retratar los cochambrosos métodos de producción de Roger Corman.
Sin embargo si observamos la cantidad de actores y realizadores que surgieron de la escuela Corman nos daremos cuenta de la importancia del productor. Vista la cantidad de nombres bien podríamos decir que el cine de los setenta no existiría sin la gente que se educó con Corman, entre otros Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Robert De Niro, Jack Nicholson, Joe Dante, Dennis Hopper, Ron Howard, Peter Fonda, James Cameron o Bruce Dern, comenzaron sus carreras bajo el ala de Corman. En su carrera ha producido más de 380 películas, y 55 films fueron dirigidos por él. Tal productividad le ha hecho ganarse el apodo de El Rey de la Serie B, aunque él mismo reniega de esta discriminadora clasificación. Comenzó su carrera en 1953 como productor y guionista, y en 1955 dirigió su primera película, Swamp Women.
La primera etapa del cine del Corman director se ve enmarcada dentro del panorama del cine de ciencia ficción de los 50. En plena guerra fría, y en una nación marcada por la paranoia ante un posible holocausto nuclear, el cine se llenó de películas de ciencia ficción que eran metáforas de la fobia al comunismo. Tanto las grandes compañías de la industria cinematográfica como las pequeñas producciones de serie B se nutrieron de un género que gozaba del beneplácito de las audiencias. En ese marco Corman firma sus primeras joyas de cine barato como Conquistaron el Mundo (It Conquered The World, 1956), una película de ciencia ficción de culto gracias a su monstruo-cangrejo con colmillos. Dicha película recibió un justo homenaje cuando Frank Zappa le dedicó la canción Cheepnis, todo un homenaje al cine de terror barato.
Posiblemente el mejor ejemplo de este cine primigenio de ciencia ficción de Corman sea la estupenda Emisario de Otro Mundo (Not Of This Earth, 1957), en donde comenzó a aplicar una mezcla de humor y terror que harían famoso su cine. También aparecen algunos elementos propios de su mitología, sexualidad encubierta para superar la censura y atraer al público joven, guiones sencillos pero eficaces y trucos y efectos baratos que aseguraban la rentabilidad de un producto perecedero. No se buscaba la eternidad cinematográfica sino una película para rellenar las interminables sesiones de los auto-cines. Una nueva versión de Not Of This Earth se realizó en 1995, producida de nuevo por Corman.
Corman comenzó a labrarse su fama de rodar rápido. Cuanto menos tiempo tardase en grabar la película, menos dinero gastaría y más rentable sería ésta. Esto hizo que en 1957 Corman dirigiese nada menos que siete películas, incluyendo géneros tan diversos como la ciencia ficción (Attack Of the Crab Monsters), el cine musical (Noche de Rock, originariamente llamada Rock All Night) y las aventuras (Mujeres Vikingo y La Serpiente del Mar, que tenía un título muy sencillito en inglés: The Saga of the Viking Women and Their Voyage to the Waters of the Great Sea Serpent).
Los años 50 habían producido la era del consumo en EEU y con ella una nueva generación, los teenagers, los primeros adolescentes que exigían un ocio a su medida. Era la era del rock'n'roll, la ciencia ficción y los auto-cines, y Corman supo crear un cine de entretenimiento para esa nueva generación. Fue así como comenzó a explorar con nuevos géneros y formas, siendo uno de sus primeros intentos Noche de Rock (Rock All Night, 1957), una de las primeras películas donde se daba cabida a grupos de rock'n'roll. En el caso de la película fue uno de los grupos de doo-wop más famosos de todos los tiempos, The Platters, quienes destacaban musicalmente.
La moda teenager continuó con una serie de títulos con la palabra teenage como Teenage Doll (1957), película sobre una banda de chicas delincuentes, o Teenage Caveman (1958) titulada en España Yo Fui Un Cavernícola Adolescente.
El siguiente paso de Corman fue tocar la sexualidad de un modo más explícito. El psicodrama Escuela de Señoritas (Sorority Girl, 1957) parecía sacado de una canción de The Shangri-las. Tocaba el mundo de las hermandades estudiantiles femeninas y contaba la historia de una pobre chica reprimida por su madre que enfocaba su venganza en sus compañeras de hermandad.
Sin duda uno de los títulos míticos de Corman es La Tienda de los Horrores (The Little Shop Of Horrors, 1960), una divertida película de humor negro sobre un dependiente de una floristería que cultiva una planta carnívora que come seres humanos. La planta, Audrey, era sin duda el mejor actor de la película, pero destacaba en su primer papel un joven actor llamado Jack Nicholson. La Tienda de los Horrores fue el record de las grabaciones sprint de Corman, ya que fue grababa en sólo dos días y una noche (!). La película se convirtió en todo un fenómeno de culto, llegando a hacerse un musical inspirado en la historia original. Dicho musical fue llevado también a la gran pantalla, se trata de La Pequeña Tienda de los Horrores (The Little Shop of Horrors, 1986), dirigida por Frank Oz y protagonizada por Rick Moranis y Steve Martin.
Los años 60 marcarían el comienzo de una nueva etapa para Corman, la cumbre de su creatividad. La Caída de la Casa Usher (House of Usher, 1960) inauguraría una serie de películas de terror gótico inspiradas en la obra del genio de la literatura de terror Edgar Allan Poe. Uno de los mayores aciertos de Corman fue contar para las adaptaciones de Poe a la gran pantalla con uno de los mejores escritores de ciencia ficción de todos los tiempos, Ray Bradbury, autor de Farenheit 451, quien ya había estado involucrado en varios guiones, entre otros la adaptación de Moby Dick dirigida por John Huston. Bradbury supo llevar a sus guiones buena parte de la literatura siniestra de Poe, llena de obsesiones, fobias y amor a la muerte. Nunca la necrofilia fue tan deliciosa como en estas películas.
Pero sin duda el gran protagonista de las adaptaciones de Poe fue el actor Vincent Price. Uno de los grandes actores clásicos del cine de terror, Price ya había cosechado éxitos tanto en el cine fantástico, muy notablemente en Los Crímenes del Museo de Cera (House Of Wax, 1953), como en otros géneros, desde el cine negro (Laura, 1944) hasta el de aventuras (la versión de Los Tres Mosqueteros de 1947), pasando por el cine histórico (la segunda versión de Los Diez Mandamientos, de 1956). Las adaptaciones de Poe supusieron el resurgir del actor, hasta el punto de que mucha gente lo recuerda sobre todo por estas películas, a pesar de ser un gran actor con una impresionante carrera anterior. Price ya tenía alguna experiencia con el terror gótico, como demostró en uno de sus mejores papeles, El Castillo de Dragonwyck (Dragonwyck, 1946), dirigida por el genial Joseph L. Mankiewicz, donde interpretaba a un atormentado aristócrata drogadicto.
Pero Mankiewicz era un gran director de actores, algo que Corman ni era ni pretendía ser. En las películas de Corman vemos a un Vincent Price en pleno estallido de muecas y sobreactuación, pero eso es parte del encanto de estas películas. Tras el éxito de la película llegaría la segunda de la saga, El Péndulo y la Muerte (Pit And The Pendulum, 1961) es seguramente la obra maestra de Roger Corman, una joya de lo macabro a la que seguiría la única película de la saga en la que no participó Vincent Price. En su lugar el actor Ray Milland (Crimen Perfecto) acababa enterrado vivo en La Obsesión (Premature Burial, 1962), a la que siguió Historias de Terror (Tales of Terror, 1962), compuesta de tres historias cortas basadas de nuevo en obras de Poe. Para la película, además de Price, Corman recuperó al gran Peter Lorre (M, El Vampiro de Düsseldorf). Lejos de calmar su ritmo, Corman compaginó su saga de Poe con otras obras, como la crítica al racismo El Intruso (The Intruder, 1962) o la obra apocalíptica Last Woman On Earth (1960).
El Cuervo (The Raven, 1963) fue la siguiente película de la saga Poe. Inspirada lejanamente en la poesía El Cuervo, cumbre de la literatura gótica, se convirtió en una obra de humor negro llena de muecas, tanto por parte de Price como de Lorre. Contaba, eso sí, con el aliciente de contar con Boris Karloff, el mítico actor de las películas de terror de la Universal (Frankenstein, La Momia). También participaba en un papel destacado el joven Jack Nicholson. La película contiene mi escena preferida del cine de todos los tiempos (aunque soy muy dado a este tipo de afirmaciones, como corroborarán mis allegados): aquella en que Vincent Price y Boris Karloff luchan sentados lanzándose conjuros de magia. ¿Qué más se puede pedir a la vida?
Corman vio el potencial del terror gótico y decidió explotarlo al máximo. Sin ser adaptaciones de Poe, Tower Of London (La Torre de Londres, 1962) y El Terror (The Terror, 1963), pertenecen al estilo. El Terror es por cierto la película que comentábamos al comienzo de la entrada de la que sobró metraje y que Peter Bogdanovich utilizó en Targets. La siguiente adaptación de Poe fue El Palacio de los Espíritus (The Haunted Palace, 1963) que contaba con otro mito del terror, el hombre lobo original, Lon Chaney Jr.
En 1963 Corman realizó una de sus mejores películas, que significó su regreso al cine de ciencia ficción. El Hombre Con Rayos X en los Ojos (X, 1963) cuenta la historia del Dr. Xavier, quien tras experimentar con los rayos X desarrolla una droga que le permite ver más allá. Desde luego Corman aprovecha para dar sus toques eróticos, como cuando el protagonista se dedica a mirar a través de la ropa de las señoritas (ay, ay, picarón), pero sigue siendo una de las mejores películas de Corman.
Las dos últimas películas de la saga Poe son de las mejores. Por un lado La Máscara de la Muerte Roja (The Masque Of The Red Death, 1964) cuenta con una estética psicodélica única. Por último, La Tumba de Ligeia (The Tomb of Ligeia, 1964) es una maravilla oscura que fue el broche de oro de la saga. En total Corman supo amortizar la obra de Poe, con 10 películas de terror gótico en su haber. Entre ellas, por cierto, un buen número de obras maestras y momentos inmortales del cine. Eso, señores, no lo pueden decir todos los directores de la nouvelle vague, ¿verdad?
En 1966 Corman volvió a dar muestras de su capacidad para reinventarse y de ser un visionario del cine comercial. Rueda Los Ángeles del Infierno (The Wild Angels) que contaba en su reparto con un jovencito Peter Fonda y con Nancy Sinatra (todo un reparto "hijos de..."). La película contaba las aventuras de una banda de moteros y fue la inspiración del clásico Easy Rider (1969), protagonizada por tres actores que comenzaron en la escuela Corman: Fonda, Nicholson y Dennis Hopper.
En 1967 realiza la que se considera su mejor película, La Matanza del Día de San Valentín (The St. Valentine's Day Massacre). Esta película con formato casi documental contaba pormenorizadamente los hechos que acabaron por meter a Al Capone en la carcel. En el papel de Al Capone destacaba un excepcional Jason Robards (La Balada de Cable Hogue).
Siguiendo su ley de complacer los gustos del público joven Corman realiza en 1967 El Viaje (The Trip). Escrita por Jack Nicholson, y con Peter Fonda, Dennis Hopper y Bruce Dern como protagonistas, cuenta la experiencia de un directivo de TV al probar el LSD, quien acaba alucinando e imaginando que está en una mazmorra. Corman incorporaba así la cultura de las drogas y la psicodelia a su cine, aunque algunas de sus obras ya habían incorporado lo psicodélico como estética.
Aprovechando el éxito del revival del cine de gangsters rejuvenecido por Bonnie & Clyde, Corman realiza Mamá Sangrienta (Bloody Mama, 1970), inspirada en la vida de Ma Baker y protagonizada por la estupenda Shelley Winters (Lolita), la película contaba con una de las primeras interpretaciones de Robert de Niro haciendo de hijo yonki. Como de costumbre Corman tocaba varios temas escabrosos como el estupro y la drogadicción. La película sirvió para revitalizar la leyenda de la ladrona de bancos, lo que hizo que Boney M le dedicara una canción.
Gas-s-s-s (Gas!-Or-It Became Necessary To Destroy The World In Order To Save It, 1971) fue la respuesta de Corman al hippismo, una historia de apocalipsis donde un gas mataba a todo aquel mayor de 25 años. En la película destacaba la música del grupo de rock Country Joe & The Fish. Ese mismo año Corman decide dar un salto al rodar una película de gran presupuesto, un biopic sobre el famoso aviador alemán conocido como El Barón Rojo. The Red Baron fue un fracaso y marcó el final de la carrera de Corman como director. Volvería a realizar otra película en 1978 y otra en 1990, pero se concentraría en su faceta de productor.
Entre las producciones de Corman cabe destacar algunas de las primeras obras de grandes directores, Francis Ford Coppola rodó su primera película, Dementia 13 (1963), bajo la mano de Corman. Lo mismo hizo Martin Scorsese con su opera prima, Boxcar Bertha (1971). Desde luego el viejo zorro seguía con el olfato despierto, en vista del éxito del Tiburón de Spielberg produjo Piraña (Piranha, 1978), dirigida por un joven Joe Dante.
Pudo producir estas películas al crear una pequeña productora y distribuidora, New World Pictures. La mayoría de las producciones de Corman fueron películas de rápida elaboración y consumo, incluyendo cine de terror, fantástico y otros subgéneros como películas de rock'n'roll o películas de cárceles femeninas. En la era del vídeo Corman siguió produciendo cine de entretenimiento, con una calidad muy discutible. Una de las anécdotas curiosas fue que realizó una película sobre los cuatro fantásticos en 1994 hecha sólo para que la Marvel no perdiera los derechos sobre los personajes y que nunca llegó a estrenarse.
En la actualidad Corman sigue produciendo películas al ritmo demencial al que nos tiene acostumbrados. En 2008 ya ha producido una película y tiene otras dos en periodo de post-producción. El pirata Corman ha sabido venderse como un artista de lo barato, y ha publicado varios libros contando sus métodos de producción y dirección. Buena parte de la capacidad de Corman como vendedor reside en su capacidad de venderse él mismo y toda una mitología alrededor. Puede que gran parte sea falsa, pero es lo que pasa cuando se trata con piratas. Y sin ellos, la vida sería mucho más aburrida.


