En estos tiempos de hipócrita corrección política en que el Ministerio de Igualdad propone modificar los tradicionales cuentos infantiles para ajustarlos a estereotipos menos dañinos, recomendamos la lectura de uno de los cuentos más perversos e incorrectos jamás escritos. Una saga en la que, de enfrentarla a la gran saga fantástica de Tolkien (con la que poco o nada tiene que ver), nos daría a un Bilbo Bolsón lascivo y manipulador o a un Gandalf proxeneta dispuesto a clavarnos un puñal en cuanto le diésemos la espalda. Canción de Hielo y Fuego es el hermano malo de la literatura fantástica, una joya adictiva que contiene altas dosis de intriga palaciega teñida de batallas por el poder, honor y mezquindad, amor y sumisión, incesto y zombis. Con un estilo realista que contrasta con el tono tradicionalmente fantástico del género de capa y espada, el autor George R. R. Martin consigue reproducir las edades medias (y en concreto la histórica Guerra de las dos Rosas) con multitud de personajes que se nos antojan como un puzle inabarcable que va tomando forma y sentido a medida que la trama te atrapa, seduciendo al lector con protagonistas complejos que se salen de los estereotipos, como reyes idiotas borrachos de poder, héroes bastardos y princesas maltratadas por sus príncipes azules. Cada capítulo tiene el don de engancharnos y desear más, técnica que Martin aprendió en su etapa como guionista de series de tv. De hecho la obra tiene el aroma de las mejores series. De siete volúmenes por ahora se han publicado cuatro, y el lento ritmo del autor augura una larga espera (pasaron cinco años entre el tercer y cuarto volumen, Tormenta de Espadas y Festín de Cuervos). La serie ya cuenta con innumerables seguidores en todo el mundo, y promete convertirse en una epidemia cuando la prestigiosa productora HBO (Los Soprano, Deadwood) realice su inminente primera temporada de la serie, adaptando el primer volumen de la saga, Juego de Tronos. Juegos de rol, comics, precuelas y demás parafernalia prometen dar a esta saga el lugar que merece, en el Olimpo de La literatura fantástica.
Hay dos cosas que me gustan particularmente del maestro Boris Vian, una es su revolucionario sentido del humor, cualidad que el maestro dirigió a enterrar tópicos y crear una nueva forma de relatar, otra el hecho de que no fuera una hombre creado a sí mismo a fuerza de trabajar duro. Vian nació en una familia acomodada, con una renta considerable, y con valores tan sanos como el ateismo y el anti-militarismo inculcados desde la cuna. Esto es una prueba de la falsedad del hecho de que el hombre que se esfuerza por llegar a ser algo logra serlo y el que nace entre almohadas acaba siendo un inútil, creencia que tiende a glorificar el trabajo y criminalizar la pereza. Ahora bien, Vian utilizó sus ventajas para convertirse en un hombre apasionante, un nuevo renacentista en la Francia existencialista, pupilo de Alfred Jarry y compañero de Sartre. Nació en 1920 y muere en 1959, una existencia realmente corta (tan sólo 39 años) que el autor supo aprovechar para dar todo lo que pudo a la vida. Para inhalar aire y exhalar arte. Y en muchas facetas, ya que fue cantante, poeta, escritor, compositor musical, ingeniero, actor y trompetista. Precisamente el jazz fue una de sus pasiones, y dedicó buena parte de su existencia a la música y a las fiestas, a pesar de que el tocar la trompeta era negativo para un joven enfermizo como él, reumático, tendente a las fiebres y con afecciones cardiacas. En sus artículos y entrevistas para revistas de jazz llegó a conocer a Miles Davis, Duke Ellington y Charlie Parker.
La carrera de Vian no estuvo exenta de escándalos. Debía ser así ya que hablamos de un hombre adelantado a su era, un revolucionario que aspiraba a una sociedad más avanzada, lejos de lo marchito y lo duro, de lo acartonado y lo rancio. Publicó varias de sus novelas noir bajo el seudónimo de Vernon Sullivan. Su primera obra, Escupiré Sobre Vuestra Tumba, era una crítica al racismo. Contaba la historia de un negro de piel clara que venga la muerte de su hermano a manos de unos racistas. Vian aparecía acreditado únicamente como traductor de la obra. La fama del libro fue enorme y se creía que era un negro estadounidense el autor. Cuando se supo que un joven francés era responsable de semejante thriller salvaje y políticamente incorrecto se armó un auténtico escándalo y se condenó a Vian y a su editor por "ultraje a la moral y a las buenas costumbres". Finalmente el proceso judicial quedó en nada y Vian se convenció de que podía vivir de su obra literaria. A éste le siguieron otras joyas llenas de humor surrealista y una forma de narrar anárquica y pendenciera como Que Se Mueran los Feos, Con Las Mujeres No Hay Manera o El Otoño en Pekín. También una de sus mejores obras, la estupenda La Espuma de los Días, o la recopilación de cuentos El Lobo Hombre, una joya de la literatura tan estimulante para el intelecto como deliciosa para el paladar. Al menguarse sus éxitos literarios probó con otras artes, compuso una ópera, editó un disco y se fue de gira, recibiendo fuertes críticas por una de sus canciones, El Desertor, en la que animaba a no cumplir el servicio militar, e incitaba al presidente a que lo hiciera él mismo. Eran tiempos de colonialismo en Argelia y la canción pacifista de Vian fue recibida con fuertes críticas. En los 50 pasa a ser director artístico de la compañía Phillips y actúa en varias películas. Finalmente su corazón se apagó, había vivido deprisa, exprimiendo todo lo que pudo de una existencia epicurea y fascinante. Se había reído de la muerte y había desafiado los tópicos y las buenas formas. Había inmortalizado su obra antes de morir, y le esperaba el Olimpo. ¡Salve Boris!
Si Guy de Maupassant se hubiera dedicado a escribir sobre cosas "decentes" hoy sería considerado uno de los genios de la literatura universal. Pero él se empeñó en convertirse en el precursor de la literatura de terror, y eso ha hecho que la historia lo haya menospreciado. Maupassant puede considerarse como el mejor narrador de relatos de la historia, forma que perfeccionó hasta llegar a su cumbre artística. El problema es que alcanzar esa meta le costó la cordura, o tal vez fue al revés y la locura le hizo relatar de una manera que ninguna mente de la época podía imaginar. Sí, tal vez esa locura fue su particular puerta a la inmortalidad. Definido por uno de sus biógrafos como el inquilino negro, una personalidad se apodera del escritor en su cumbre creativa. Aunque los rasgos de locura aparecen en casi toda la obra del autor, especialmente si tenemos en cuenta que los episodios de desequilibrios mentales se venían repitiendo desde su niñez. Una enfermedad venérea contraida por su padre fue el origen de la locura de Guy. Su hermano también padecía esta enfermedad y acabaría suicidándose. En el caso de Guy, enfocó todas sus energías a los excesos de la vida disoluta de París, coleccionando amantes de forma enfermiza y aliviando sus migrañas a base de éter y morfina. En su obra definitiva, el relato El Horla, Maupassant narraba la historia de un hombre que acababa siendo poseido por su doble invisible. Un relato auténticamente terrorífico, sobre todo si sabemos que era eso lo que le estaba pasando a Guy, consumida por su inquilino negro. En los últimos meses del escritor se ve consumido por la obsesión a la enfermedad y la desconfianza hacia todos sus conocidos. Tras intentar suicidarse en 1892 muere internado en un manicomio en el que pasó 18 meses de inconsciencia y violencia. El autor acabó consumido por su obra, sólo la inmortalidad salvó su alma.
No deberían existir las clasificaciones que diferenciaran a los autores por el medio que utilizan para expresarse. Más bien deberíamos dejarnos llevar por los registros que nos producen, por las sensaciones y pensamientos que expresan, por las pesadillas que crean en algunos casos... Un autor de terror debería ser eso, sea su medio la literatura, la música o el cine. Guy de Maupassant, Jerry Goldsmith, Dario Argento, James Whale, Edgar Allan Poe, H.P. Lovercraf, Allan Moore e Hideshi Hino, pertenecen todos a esa tradición de narradores de las tinieblas, de escudriñadores de lo oscuro, buscadores de sombras, esas a las que acudimos cuando queremos probar que nuestros temores infantiles siguen vivos en el fondo de nuestros corazones, independientemente de que lo hagan a través de un cómic o una película. Hoy hablaremos de un artista que se expresa a través del Manga, y cuyos relatos de terror ilustrados pueden igualarse a la gloriosa etapa de La Cosa del Pantano guionizada por Allan Moore, una de las cumbres del cómic internacional. Hino comenzó su carrera convencido de que podría ser director de cine, influenciado por la película Seppuru (1962) de Masaki Kobayashi. Introducido posteriormente en el mundo del manga realiza influido por los relatos de Ray Bradbury en El Hombre Ilustrado una de sus obras míticas, Zoroku no Kibyo (La extraña enfermedad de Zoroku), la historia fue publicada en una revista infantil en 1969 y contaba con toda clase de detalles escabrosos el desarrollo de una enfermedad que provocaba una serie de desagradables erupciones. El manga fue un éxito y marcó la carrera de Hino, quien se convertiría en uno de los referentes indispensables del manga de terror.
Asesinos desviados, monstruos deformes y cuerpos decapitados son elementos naturales en los escalofriantes relatos de Hino, plagados de detalles autobiográficos. En una de sus obras maestras, Panorama Infernal, Hino plaga el relato de recuerdos de su infancia. Nacido en China de padres japoneses, tuvo que soportar la discriminación contra los japoneses tras la Segunda Guerra Mundial y de hecho su familia tuvo que huir antes de ser linchados por sus vecinos, algo que queda reflejado en la que tal vez sea su obra maestra. Otro ejemplo: una inflamación de su intestino sirvió al autor de materia prima para realizar la que sea posiblemente su obra más enferma (y eso es mucha enfermedad), La Serpiente Roja. El autor sabe trasladar esos momentos de enfermedad, de anticipación a la muerte y de terror en su biografía para conseguir relatos llenos de un terror visual, grotesco y escatológico. En otros relatos Hino se muestra más compasivo hacia sus criaturas malditas y, aunque siempre les espera un final agonizante y tormentoso, las utiliza para denunciar la degradación de la sociedad y la marginación a lo distinto, así ocurre en obras tan interesantes como El Hombre Cadáver, El Niño Gusano o El Hijo del Diablo, obras llenas de ternura hacia lo monstruoso. El autor ha escrito algunas de las adaptaciones televisivas de sus obras, y también ha llegado a dirigir un par de películas gore en la serie Guinea Pig, el realismo de las escenas sangrientas era tal que corrió la leyenda urbana de que se trataba de snuff movies, lo que le trajo algún que otro problemilla a Hino. En cualquier caso, el medio para entender a Hino es leer sus mangas enfermos. Eso sí, absténgase aquellos con problemas de estómago...
El sátiro Pan representa en la mitología griega no sólo al Dios de los pastores y los rebaños, también es el Dios de la fertilidad y la sexualidad masculina. Esa parte instintiva y animal del hombre quedaba representada por una figura, medio cabrito y medio humano. Según una de sus genealogías sería hijo del Dios Hermes (Mercurio en la mitología romana), quien simulando ser un carnero hizo una visitilla divina (los Dioses griegos sí que sabían montárselo) a Penélope en ausencia de su esposo Odiseo. La palabra Pan siginificaría "hijo de todos" como referencia a las numerosas infidelidades de Penélope. Pan suele ser representado con una flauta, con la que deleitaba a las reses, y persiguiendo ninfas, muestra de su sexualidad desmedida.
Inspirados por la figura del sátiro hipersexuado, el dramaturgo español Fernando Arrabal, el cineasta chileno Fernando Jorodowsky y el ilustrador francés Roland Topor, fundaron en 1962 el Movimiento Pánico, bajo la consigna de reírse de la filosofía francesa imperante en el momento y unos principios que los unían al Surrealismo. Bajo tres principios básicos: terror, humor y simultaneidad, los artistas afirmaban la prevalencia de la locura como única vía de supervivencia en una sociedad en plena crisis de valores. La crítica de la razón y la exaltación de la ambigüedad son otras características propias de los integrantes del movimiento. El grupo hizo varias representaciones teatrales que se pueden enmarcar dentro del teatro del absurdo antes de ser disuelto en 1973 por Jorodowsky. Probablemente el menos conocido de los miembros del movimiento sea el dibujante francés Roland Topor, pese a ser en muchos aspectos el que mejor supo representar el carácter irrespetuoso y humorístico del movimiento, llenando su extensa obra de un humor negro y elementos surrealistas tanto sus ilustraciones como en sus colaboraciones en distintas artes, más destacablemente el cine, aunque también el teatro, donde firmó obras originales y provocadoras como Vinci Tenía Razón. También destacó escribiendo novelas, El Quimérico Inquilino fue llevada al cine por Roman Polansky.
La labor de ilustrador de Topor pronto se trasladó al mundo de la animación, colaborando con René Laloux en una de las obras más interesantes e inquietantes que ha dado el cine de animación, El Mundo Salvaje (La Planète sauvage, 1973). El largometraje de ciencia ficción marcó un antes y un después en el cine animado europeo. Su colaboración en el cine no se limitó a la animación, ya que participó como actor en varias películas, siendo destacable su papel en la versión que en 1979 hizo Werner Herzog del clásico Nosferatu. En 1988, en colaboración con el director Enrique Xhonneux, Topor adapta la vida del Marqués de Sade en una de las mayores marcianadas que ha dado el cine, Marquis, una película en la que todos los actores iban cubiertos con máscaras de animales, y donde el pene de Sade era un personaje más de la obra. Topor murió en 1997.
La labor de ilustrador de Topor pronto se trasladó al mundo de la animación, colaborando con René Laloux en una de las obras más interesantes e inquietantes que ha dado el cine de animación, El Mundo Salvaje (La Planète sauvage, 1973). El largometraje de ciencia ficción marcó un antes y un después en el cine animado europeo. Su colaboración en el cine no se limitó a la animación, ya que participó como actor en varias películas, siendo destacable su papel en la versión que en 1979 hizo Werner Herzog del clásico Nosferatu. En 1988, en colaboración con el director Enrique Xhonneux, Topor adapta la vida del Marqués de Sade en una de las mayores marcianadas que ha dado el cine, Marquis, una película en la que todos los actores iban cubiertos con máscaras de animales, y donde el pene de Sade era un personaje más de la obra. Topor murió en 1997.
Fernando Arrabal ha pasado por ser un borracho lunático tras su paso por un programa en 1989 donde comenzó a defender sus teorías en favor del mileniarismo, en uno de los episodios más vergonzantes de la historia catódica (que adjuntamos para deleite del personal). Lo cierto es que las excentricidades del hombre han ensombrecido al autor. Sobre todo conocido por su obra como dramaturgo, que ha sido premiada internacionalmente, y que conserva un espíritu transgresor y provocador, Arrabal ha sabido moverse en distintos terrenos, llegando a firmar siete películas de estilo surrealista, muchas de ellas adaptaciones de su obra literaria, algunas de ellas auténticas obras bizarras llenas de elementos disonantes como su ópera prima, Viva la Muerte.
Alejandro Jorodowsky ha pasado por distintas etapas y facetas, pero seguramente sea su labor como cineasta la que le ha proporcionado más fama y le ha labrado una imagen de autor inaccesible y polémico. Fascinado por el mundo teatral y la forma de transmitir de los mimos pasa un periodo de seis años al lado del mítico mimo Marcel Marceau. Tras esta temporada se establece en México, donde tras montar varias obras teatralas realiza la adaptación al cine de una obra de Fernando Arrabal, Fando y Lis. La obra fue muy polémica, tanto por su narrativa surrealista como por tocar temas escabrosos como la sexualidad con gente discapacitada. Jorodowsky llegó a ser amenazado de muerte y estuvo a punto de ser linchado, por lo que tuvo que escapar.
En 1970 Jorodowsky realiza la que será su obra más popular, el western de culto El Topo, donde mezclaba elementos que se repetirán en su filmografía, como referencias a lo espiritual, objetos y personajes simbólicos, un lenguaje provocador y un metraje lamentablemente excesivo que va en contra de a narración. Pese a esto, El Topo se convierte en una obra de culto, una película rompedora que dio a Jorodowsky fama internacional, hasta el punto de interesar a John Lennon, quien promocionó la película y produjo, junto al representante de the Beatles Allan Klein, su siguiente incursión cinematográfica, la revolucionaria e inclasificable La Montaña Sagrada. La idea original es que la película la protagonizase George Harrison, pero finalmente éste se negó por las exigencias de Jorodowsky, quien quería que el beatle enseñara el ano. Aún sin Harrison, La Montaña Sagrada (1973) sigue siendo una joya del cine llena de simbología propia del tarot y elementos transferenciales que contiene algunas de las imágenes más impactantes que han podido ver estos ojos. A medio camino entre el cine documental que representa un viaje de ácido de un grupo de burgueses con aspiraciones a hippies y una primera parte, más interesante, donde Jorodowsky hace una lectura visual impactante de las dictaduras latinoamericanas de los 70. La película, por no variar, fue un escándalo.
La distribución de ambas películas embarcó a Jorodowsky y a Klein en una batalla legal que no acabó hasta el 2004, cuando por fin se pudo llegar a un acuerdo. El siguiente proyecto del director nunca llegaría a realizarse, se trataba de la adaptación de la novela de ciencia ficción Dune, de Frank Herbert. Para ello contó con un equipo impresionante entre los que se contaban Orson Welles, Salvador Dalí, Pink Floyd y H.R.Giger. Especialmente interesante fue el aporte del ilustrador de comics francés Moebius, quien realizó numerosos bocetos que, al no realizarse la película, acabarían convirtiéndose en el mítico comic El Incal, guionizado por el propio Jorodowsky. Muchos de los elementos de la película, que finalmente no se realizó por retirarse la productora del proyecto, acabarían siendo el germen de Alien y Star Wars. Tras varios proyectos fallidos, en 1989 rueda su última película interesante en México, Santa Sangre, una mezcla entre el giallo y el cine de Fellini, producida por Claudio Argento. Entre sus últimos proyectos fallidos se cuenta una segunda parte de El Topo protagonizada por Johnny Deep y Marilyn Manson (!), que es un gran fan de la obra del chileno. De hecho Manson se ha comprometido a interpretar a un Papa de 300 años en el último proyecto del director, King Shot. No se asusten, probablemente nunca veamos dicha monstruosidad.
El mundo del comic ha recibido numerosas obras de ciencia ficción escritas por Jorodowsky tras El Incal, colaborando con artistas de la talla de Juan Giménez, Janjetov o el citado Moebius. En dichos comics vuelve a utilizar la simbología y los elementos del tarot. Su pasión por éste le ha llevado a escribir varios ensayos sobre el mismo, llegando incluso a realizar sesiones como tarotista y ser considerado que él define como psicomago. Así que el transgresor director se ha convertido en un abuelete reciclado a gurú new wave. Atrás quedó lo de cambiar el mundo. Puede que Pan le arrastre un día de sus canas y le enseñe de nuevo el camino, pastando, con su flauta y tras las ninfas...
Yukio Mishima fue uno de los escritores emblemáticos japoneses, simbolizando como ninguno el espíritu de un país cuyo valor más alto era el honor y que se veía humillado, primero por su derrota en la segunda Guerra Mundial, posteriormente por la larga colonización impuesta por EEUU y finalmente por la instauración de un sistema de valores contrario a las tradiciones japonesas. Mishima era un detractor de la democracia y el capitalismo, y un defensor a ultranza del Imperialismo que quedó aniquilado tras las explosiones atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Su obra literaria es un alegato en contra del vacío de valores y espiritualidad que sufría Japón como efecto secundario de su occidentalización progresiva del país. En concreto la tetralogía El Mar de la Fertilidad, constituye su alegato en contra de esa falta de valores, y la cumbre de su obra literaria. La vida de Mishima fue un cúmulo de contradicciones, alternaba sus coqueteos con la muerte y el suicidio con un culto desmedido al cuerpo que le otorgó un físico impresionante, y negaba su homosexualidad latente como una herencia maldita, manteniendo relaciones homosexuales sólo cuando salía de Japón, mientras que en su país de origen estaba casado y tenía dos hijos. En 1967 se alistó en las Fuerzas de Autodefensa de Japón, y formó la Tatenokai (Sociedad Escudo), una milicia compuesta por jóvenes patrióticos que estudiaban artes marciales. Mishima actuó en varias películas en los últimos años de su vida, llegando a codirigir una de las adaptaciones de su obra. El fin de Mishima llegó en 1970, envuelto en un espectacular suicidio ritual que en occidente conocemos como harakiri, pero cuyo nombre correcto es el de seppuku, ya que el de harakiri no se utiliza en Japón al considerarse vulgar. Era una práctica común entre los samurai, que rechazaban la muerte natural y preferían optar por una muerte gloriosa. Por eso, antes de ver su vida deshonrada por un delito o falta, recurrían con este acto a darse muerte (Hara-kiri significa "corte del vientre"). Mishima, fiel a los principios de los samurai, entró el 25 de Noviembre de 1970 con varios miembros de la Tatenokai y maniató a un comandante de las Fuerzas de Autodefensa, saliendo seguidamente a un balcón y dirigiéndose a los soldados presentes en un emotivo discurso que sería su epitafio: Vemos al Japón emborrachándose de prosperidad y hundiéndose en un vacío del espíritu. Vamos a devolverle su imagen y a morir haciéndolo...La intención del discurso era provocar un golpe de estado que reinstaurara el poder imperial, al encender los ánimos de los soldados. Lo único que consiguió es que los soldados presentes le abuchearan y se rieran de él, algo que debió tocar el ya de por sí maltrecho honor de Mishima. Seguidamente acometió el seppuku, rasgándose el vientre con una katana. En un segundo paso del ritual un compañero debe decapitar al suicida. El encargado fue un miembro de la Tatenokai que según se rumorea era amante del escritor. Desgraciadamente este solemne momento tampoco fue excesivamente honorable, y tras varios intentos fallidos otro compañero hubo de ejecutar la decapitación. Seguidamente el compañero también se suicidó de la misma manera que Mishima. Así que, si se deciden a invitar a Mishima a cenar, por favor asegúrense de que el sushi está correctamente cocinado o le pondrá el salón perdidito de sangre y tripas por un asunto de honor nipón.
El novelista norteamericano John Kennedy Toole ejemplifica a la perfección la figura del escritor perdedor. No vio su obra publicada en vida, pero a su muerte se convirtió en una obra de culto que sobrevive hasta nuestro días como una de las novelas más vendidas de todos los tiempos, La Conjura de los Necios. Sería su única gran obra (la otra es una obra de juventud, la Biblia de Neón), una demoledora y humorística crítica al modo de vida americano protagonizada por uno de los perdedores más memorables de la literatura, el obeso Ignatius Reilly. Toole intentó hacer pasar su manuscrito a editores, pero fue rechazado en repetidas ocasiones. Era una obra adelantada a su tiempo. Finalmente, destrozado por el escaso interés hacia su obra maestra y confuso hacia su propia identidad sexual, Toole se suicida en 1969 con 32 años. Para ello ciega el tubo de escape de su automóvil y deja que el monóxido de carbono le envenene poco a poco. La nota de suicidio que dejó fue destruida por su autoritaria madre, quien, paradójicamente, logró que la obra de su hijo fuese publicada tras su muerte, en 1980. En 1981 Toole y su obra recibieron póstumamente el premio Pulltizer.
Larra era un fetichista. Un fetichista romántico, pero fetichista al fin y al cabo. Como periodista costumbrista y crítico literario supone una de las cumbres del Romanticismo español. Se le considera uno de los padres del periodismo en España, gracias a sus artículos satíricos con los que criticó fuertemente el absolutismo y el carlismo. En su carrera escribió tragedia y novela histórica, pero es recordado sobre todo por sus artículos periodísticos, que escribió bajo seudónimos como El Duende o Fígaro. Larra murió con sólo 28 años en 1837 cuando, tras muchos desengaños amorosos, se pegó un tiro. El fetichismo romántico de Larra y su generación, un romanticismo que culminaba en la muerte a causa del desamor o del amor llevado hasta sus últimas consecuencias, hizo que Larra se suicidara frente a un espejo para conservar en su retina ese último y glorioso momento. Por desgracia no conservó mucho tiempo ni el recuerdo ni la retina.
Kenneth Anger es el autor de la biblia del cotilleo cinematográfico. Hollywood Babilonia es una obra maestra literaria de injusta mala fama llena de actores y actrices adictos a algo más que la fama; suicidas, drogadictos, alcohólicos... ¿les suena de algo? Por supuesto, es el libro de cabecera de este blog y de cualquiera que quiera hablar mal de los mitos cinematográficos. Si es usted algo cotilla, y probablemente lo sea siendo éste como es, a pesar de la recargada prosa, un blog de contenido básicamente amarillista, disfrutará con la lectura apasionante de este libro publicado en dos volúmenes. La primera parte de este crudo pandemonio de una ciudad llamada Tinseltown y luego rebautizada con el nombre de Hollywood se editó en Francia en 1959, contando con incontables dificultades para su edición y distribución pero convertiéndose con el tiempo en la maravilla literaria que es. Y Anger destilaba veneno y mala baba en cada palabra, demostrando ser una maravillosa víbora capaz de destripar al mayor de los mitos sin despeinarse. La segunda parte, tan apasionante como la primera, se editaba en 1984. Anger había madurado y había visto sus peores pesadillas convertidas en realidad, cuando de la fábrica de sueños surgió la mayor pesadilla posible: Ronald Reagan. La guerra fría y sus terribles consecuencias empequeñecían cualquier vicio posible de los venerables tinseltonianos.
No es extraño que Anger hablara de los siniestros habitantes de la meca del cine, ya que él provenía también de ese mundo. Aunque de la parte más oscura y alternativa, del cine más experimental, adelantado en muchos aspectos a cualquier cosa que se hiciera en aquella era. Por ejemplo su corto Fireworks, del año 1947, trata sobre un joven que sueña que es violado por un grupo de marinos, un tema inaudito para la época. De hecho se considera a Fireworks como la primera obra maestra de cine gay. No es extraño que Anger reflejara una de sus mayores obsesiones en sus cortos, ya que él mismo era homosexual. Desde su papel de nigromante del cine y provocador nato transmitió una serie de impactantes imágenes en sus cortos (ninguna productora estaba lo suficientemente loca como para apoyar económicamente un largometraje filmado por Anger). Desde 1941 hace cortos, con temática muy diversa, desde un estudio del mimo al arte de las fuentes. El cineasta francés Jean Cocteau, apasionado de la obra de Anger, le invita a Francia, donde podrá editar su Hollywood Babilonia. Anger seguirá relizando cortos, alcanzando su obra maestra en 1963 con Scorpio Rising, una maravilla rompedora llena de motoristas nazis homosexuales mimando sus motos y participando en orgías masoquistas. En un magnífico ejercicio de provocación Anger muestra los torsos desnudos de sus atléticos y apolíneos motoristas, enfundados en cuero y rebosando sexualidad, a la vez que alterna imágnes de Brando, Hitler y Jesucristo, todo envuelto por la música de Phil Spector, Elvis y Ricky Nelson. Kenneth Anger fue el primer director en utilizar canciones pop en vez de una banda sonora original en una película. Y muchos de sus cortos son precursores de los video-clips musicales.
La otra obsesión de Anger era el satanismo. Maravillado por la figura del brujo ocultista Aleister Crowley, realizó varios cortos en su honor. Tras hacer un corto de 3 minutos con siniestras iniciales: Kustom Kar Kommandos (1965), realiza su primera obra satánica: Invocation of My Demon Brother (Invocación de mi demonio guardian, 1969), cuya banda sonora compuso otro apasionado de Crowley: Mick Jagger. Para el papel de Satán Anger contó con Anton LaVey, fundador de la Iglesia de Satán y de quien ya hablamos en el episodio dedicado a Jayne Mansfield (Diciembre de 2007). Lucifer Rising, realizada en los 70 y finalizada en 1981 es una pieza de psicodelia delirante donde se muestra la llegada de un Satán Glam en medio de siniestros rituales de druidas. El guitarrista de Led Zeppelin Jimmy Page, otro apasionado satanista, iba a realizar la banda sonora, pero al final tras los múltiples retrasos de Page fue despedido por Anger, quien contó con Bobby Beausoleil, un asociado de la peligrosa familia Manson (responsables del asesinato de la mujer de Roman Polanski, Sharon Tate) que estaba encarcelado por asesinato en la época en que compuso la música de Lucifer Rising. Beausoleil contó con un permiso penitenciario para poder componer la banda sonora. En cuanto a Anger tras Lucifer Rising se dedicó a la segunda parte de Hollywood Babilonia. La impresionante imaginería de su obra visual ha sido desde entonces reconocida por directores de la talla de Martin Scorsese, Gus Van Sant, Rainer Werner Fassbinder y David Lynch, así como por la cultura del vídeo musical, de la que es padre fundador. Recientemente ha realizado un corto sobre cuadros de Aleister Crowley y amenaza con una tercera parte de Hollywood Babilonia. Tiembla Hollywood porque la zorra ha vuelto.
“Si no puedo existir a mi manera, entonces, la existencia es imposible”, dijo en una ocasión el escritor Ernest Hemingway, inmortal autor de Adiós a las Armas y El Viejo y el Mar, y sin duda uno de los escritores má simportantes del siglo XX. Y Hemingway vivió y murió bajo esa máxima. En 1961, cuando el escritor contaba con 61 años de excesos, y creyéndose enfermo de cáncer, decidió poner fin a su vida pegándose un tiro en la cabeza. Hemingway sufría un desorden mental conocido como trastorno bipolar. Sus continuos episodios de depresión y paranoia hicieron que fuera sometido a un salvaje tratamiento de electroshocks que acabaron por anular al hombre hecho a sí mismo, quien decía que su memoria había sido robada. Hipertensión, cirrosis, impotencia sexual y problemas cardiacos, sumados a su alcoholismo, se sumaron a la coctelera que hizo que el escritor apretara el gatillo. El autor, que había representado como nadie el papel de escritor-reportero, recorriendo guerras, medio aventurero y medio pirata, había vivido una vida de alcohol ("beber es cosa de hombres", solía decir, mientras combinaba dos litros de ron y tabletas de vitamina B en una misma tarde), mujeres y caza, una de las pasiones que mantuvo hasta sus últimos días. Obsesionado por las mujeres y su identidad masculina, y paranoico con la posibilidad de ser homosexual (siendo él mismo un homófobo consumado), forjó una imagen de macho, moldeada por el recuerdo de boxeadores, toreros, soldados y marinos que sembraron su vida y su obra. Su padre, dos de sus hermanos y su nieta, la modelo y mediocre actriz Margaux Hamingway también recurrieron al suicidio como salida de este mundo. En el caso de Margaux lo hizo un día antes de cumplirse el 35 aniversario de su célebre abuelo, tomando una sobredosis de un medicamento para la epilepsia. Tan desgraciada herencia familiar posiblemente se deba a una enfermedad hereditaria llamada haemocromatosis, que consiste en un exceso de hierro en la sangre que provoca episodios de depresión, amén de otros desórdenes. En cualquier caso Ernest apretó el gatillo cuando el macho estaba siendo castrado, siendo fiel a sí mismo y a su obra.
Hollywood es hoy un desierto donde una vez brilló el mejor cine de la historia. Los remakes de viejas películas, los biopics de vidas ya vividas y las adaptaciones literarias son el pan de cada día, demostrando una sequía creativa sin precedentes. Y como se ve que se les acaban los libros para destruir con sus nefastas adaptaciones, el siguiente paso es destrozar el mundo de la literatura marginal y rara vez valorada llamada comic. Por eso los amantes del comic estamos acostumbrados a ver atónitos pésimas películas, especialmente con el género de superhéroes, que ni respetan el espíritu del original (vease esa ñoñez llamada Spiderman o la pésima Superman Returns) ni tienen un reparto digno (Los Cuatro Fantásticos, Daredevil...). Claro está que hay ejemplos rescatables y hasta excelentes (el Superman de Richard Donner por encima de todas, pero también Batman Begins de Christopher Nolan, el Hulk de Ang Lee, Sin City de Frank Miller y Robert Rodríguez), pero la norma son las adaptaciones nefastas. Por eso hemos de decir que a priori nos parece un gran acierto el casting para el futuro estreno de la Marvel. Iron Man, o el Hombre de Hierro, fue uno de los personajes creados por Stan The Man Lee (ver capítulo de Stan en este mismo mes), en esta ocasión junto al genial artista Gene Colan. Aparece en la revista Tales of Suspense en 1963, y desde entonces se convierte en uno de los personajes más populares de la llamada casa de las ideas. El Hombre de Hierro pronto pasaría a formar parte del equipo que unía a los héroes más poderosos de la tierra, los Vengadores. En su primera aparición el personaje Tony Stark es atrapado por los comunistas (que eran muy malos en los primeros comics Marvel) y obligado a trabajar para ellos hasta que construye una armadura que además de matar comunistas permite a su enfermo corazón seguir latiendo.
El personaje se basaba (ay, Stan, pillín) en Batman, aparentando ser Tony Stark un millonario despreocupado que escondía su heroismo. Por suerte el personaje evolucionó con el tiempo, y pasó de ser un panfleto metálico contra el comunismo a un personaje más complejo. En 1979, dentro de la vibrante etapa en que el guionista David Michelinie y un joven John Romita jr. a los lápices llevaron a cabo, acentuaron el problema del alcoholismo del personaje. Este hecho fue toda una revelación, ya que era de los primeros héroes en mostrar tal dependencia, y su enfermedad le llevó incluso a abandonar durante un periodo su carrera heroica. Teniendo esto en cuenta nos parece muy interesante que para la versión cinematográfica del personaje se haya elegido como actor a Robert Downey jr, un actor que se puede identificar con los problemas de dependencia del héroe. El actor tuvo su primera experiencia con las drogas durante su participación en el mítico programa de TV Saturday Night Live. En 1987 fue a rehabilitación mientras su carrera se hundía. Ésta da un giro de 180 grados al protagonizar en 1990 el biopic Chaplin, por el que es nominado al oscar.
En 1996 es arrestado en tres ocasiones por posesión de drogas y tenencia ilícita de armas. Para entonces ya era considerado el nuevo enfant terrible de Hollywood. Los siguientes cuatro años Robert los pasa entre la prisión y la rehabilitación, mientras sigue dándole al crack, la heroína y la cocaína. Mientras la prensa se frota las manos con los escándalos cada vez más sonados del actor, éste sale de la cárcel en el año 2000 encontrando en la TV el refugio para resucitar su carrera, y gana un globo de oro por su actuación en la serie Ally McBeal. Recientemente el actor, ya sereno y rehabilitado, ha recuperado el favor del público gracias a películas como Buenas Noches y Buena Suerte, A Scanner Darkly o Zodiac, demostrando ser uno de los mejores actores de su generación. Protagonizar Iron Man le proporcionará más éxitos de taquilla, y Downey sabrá dotar al personaje de Tony Stark de una tridimensionalidad y una oscuridad que no le es ajena. El papel lo merece, ya que es tan jugoso que gente como Tom Cruise y Nicholas Cage estuvieron tras él. Que la película sea buena... eso ya sería mucho pedir. Y los aficionados al comic nos hemos acostumbrado a esperar lo peor. Por si acaso.
Stan Lee es algo así como el Hugh Heffner de los comics. Medio creador y medio empresario, medio playboy y medio personaje de comic, Lee es el responsable de la creación de la editorial más popular del comic book americano, Marvel Comics. Como creador, de la mente de Stan surgieron personajes como los Cuatro Fantásticos, Spiderman, la Masa, Los Vengadores, Daredevil, el Doctor Extraño, la Patrulla X original, y todos los personajes que orbitan alrededor de esos astros. Lee es el último gran apostol, capaz de generar una mitología moderna que renueva los viejos mitos de Dioses y semidioses adecuándolos a la imagen del siglo XX, con máscaras, antifaces e identidades secretas. Stanley Martin Lieber, que así es su nombre auténtico, pasó de ser un guionista en la pequeña editorial Marvel a convertirla en una enorme corporación multimedia, protagonizando en los 60 lo que se conoce como la Edad de Plata del comic book. Es en 1961, con la creación de los Cuatro Fantásticos cuando le llega el éxito. Sin embargo, a menudo se acusa a Stan de acaparar toda la gloria de sus creaciones, mientras que los dibujantes Steve Ditko, John Romita y sobre todo el genial Jack Kirby, pasaban a tener un papel secundario. En realidad, los guiones de Stan eran meros borradores que completaban y rehacían prácticamente en su totalidad sus colaboradores gráficos. Por otro lado Stan era un pirata literario que supo rehacer viejos mitos y adaptar o copiar fórmulas que funcionaron en su día, así rescató del olvido a personajes de comics de los años 40 como el archiconocido Capitán América (que ya en los años 40 había sido dibujado por Jack Kirby), Namor o la Antorcha Humana, también adaptó personajes de la mitología nórdica como Thor, y por último plagió algunas ideas con bastante descaro (la Patrulla X es sospechosamente parecida a la Patrulla Condenada de su mayor competidor, la editorial DC Comics).
Stan dio a los comics una mayor dimensión realista, generando personajes que tenían sus puntos flacos y su lado oscuro, y tratando temas sociales en sus comics (como los disturbios raciales, las drogas o el caso Watergate) haciendo de Spiderman el comic más leido en los campus universitarios en los 60. Frente a esto generó modelos femeninos muy esteriotipados, no deja de ser gracioso que los poderes de las primeras supermujeres de la Marvel fueran hacerse invisible (la Chica Invisible) o hacerse más pequeña (la Avispa), y también mostró una imagen de los comunistas teñida por los estereotipos de la guerra fría, llenando los primeros comics Marvel de villanos comunistas (por ejemplo el cupable de que Bruce Banner se transfomara en la Masa o los que obligan a Tony Stark a convertirse en Iron Man). Una curiosidad es que Stan siempre ideaba los nombres para que fueran fáciles de recordar, haciendo que tanto el nombre como el apellido del personaje comenzaran por la misma letra, es el caso de Peter Parker, Reed Richards, Susan Storm, Bruce Banner, Matt Murdock, Stephen Strange... Stan prontó dejó la compañía en manos de su ayudante, el gran guionista Roy Thomas, y pasó a convertirse en el personaje mediático que es hoy, haciendo de todo, desde la producción de dibujos animados hasta sus cameos en películas (todas las adaptaciones de la Marvel y alguna rareza como Mallrats) y series (Los Simpson, Héroes). Finalmente Marvel le dio la patada en el trasero y Stan tuvo que pasarse a la competencia, DC y otras editoriales independientes. Stan alimentó más la parte publicitaria que la artística de la compañía y acabó lamentando el bocado que le había dado ese monstruo que había creado, ahora en manos de multinacionales. A pesar de ser un entrañable personaje, invitar a Stan a cenar significaría interminables horas de batallitas y, lo que es peor, que copiase al menor descuido todas nuestras ideas para su próximo proyecto. ¡Los viejos piratas nunca mueren!
Dejad que las niñas se acerquen a mí, podría titularse el capítulo de hoy. Esta es la historia de un conservador profesor de matemáticas, Charles Ludwidge Dodgson, puritano y aburrido, autor de decenas de libros de lógica, y con un secreto inconfesable para la beata sociedad británica de la época: pasó 25 años fotografiando a niñas desnudas. Cuando fue descubierto, ante el sonado escándalo, limitó su hobby a pintar en secreto retratos de sus ninfas infantiles. Lewis Carroll, seudónimo por el que sería el profesor recordado, era un hombre atormentado, probablemente virgen, obligado a convertirse en un hipócrita, del que sería heredero el personaje de Humbert Humbert de la novela Lolita de Nabokov. Y la lolita de Carroll fue Alice Lidell, una niña de once años, hija del decano de la Universidad para la que Carroll trabajaba, a la que el bueno del profesor hacía fotos en posturas insinuantes con el pecho al descubierto, a la que colmaba de regalos, cartas de amor y caricias. Un Carroll de 31 años llegó a pedir a la niña en matrimonio, algo que su madre no interpretó muy bien. La dichosa pareja fue separada, no sin antes prometer Carroll que escribiría las historias que solía contarle sobre una niña en un mundo mágico, como había prometido. La niña y el personaje compartían un nombre, Alicia.
Vistos así Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo, dos de los relatos fantásticos más fascinantes de la literatura universal, son frescos deliciosamente perversos que retratan la pérdida de la inocencia y la evasión a mundos sin límites a la imaginación (o a las leyes contra la pederastia). El libro surgió de un calentón del pícaro profesor quien mandó en 1864 el manuscrito original a Alicia. Nunca volvió a ver a la niña, quien conservó el manuscrito, y siguió recibiendo cartas del maduro Carroll con frases tan reveladoras como “He tenido montones de niñas-amigas desde entonces, pero todas han sido otra cosa”.
Robert Edwin Howard fue uno de los escritores clave de la literatura fantástica, quien en los años 30 redefinió el género de las aventuras de capa y espada con un personaje mítico, Conan el bárbaro. El cimmerio ha pasado a la posteridad gracias a la continuidad que tuvo la obra de Howard tras su muerte. Una serie de escritores como Robert Jordan o Poul Anderson, el ilustrador Frank Frazetta, los comics de la editorial Marvel, sobre todo gracias a la labor del guionista Roy Thomas y los dibujantes John Buscema y Neal Adams, y la versión de Hollywood dirigida con maestría por John Millius, han sido la continuación del legado fantástico de Howard.
Howard pertenecía al círculo de escritores con los que se carteaba el maestro de la literatura de terror H.P. Lovecraft, y con los que conjuntamente escribió su obra magna, los Mitos de Cthulhu. Con Lovecraft compartía una visión del mundo donde se relacionaba la pureza con la etnia anglosajona blanca, y solían mostrar a los villanos bajo estereotipos racistas. En los relatos de Howard se puede observar una visión colonialista del mundo, así como un estilo literario de ficción histórica que compaginó con el género fantástico, donde aparte de Conan destacan otros personajes como el rey Kull o Red Sonja. Howard era un texano loco, obsesionado por las armas, que tras entrar su madre en coma se suicidó con un colt 38. Por tanto recomendamos excluir a Howard de nuestras cenas, a no ser que algún lector esté pensando en organizar un ágape para el Ku Klux Klan Texano, o para el no menos concurrido club de escritores suicidas.
Alcohol, carreras de caballos, tango y mujeres. Así veía el mundo el macho de Bukowski. Así y con entrepiernas abiertas y vómitos, ya que sus novelas estaban salpicadas de un lenguaje directo que le marcó como uno de los mejores exponentes de la nueva literatura norteamericana. Bukowski era un individualista que escapaba a cualquier etiqueta, salvo a la de borracho. Los que dicen que la imagen del borracho que escribía se antepuso a la del escritor que bebía no tienen en cuenta que el propio escritor cultivó esa imagen con fruición. Bukowski inventó un personaje, Hank Chinaski, protagonista de la mayoría de sus novelas, que tenía mucho de autobiográfico. En sus novelas Charles relataba sus propias experiencias sexuales con las mujeres y sus interminables borracheras. Incomprensiblemente semejante misógino estaba siempre rodeado de mujeres dispuestas a entender su "espíritu beat", que era una especie de barra libre para el sexo y el alcohol. Tal vez sólo podamos entenderlo si leemos entre líneas sus maravillosas poesías, el cómo encierran tras el puñetazo de su lenguaje (lleno de humor negro) un alma atormentada y sensible. Como él dejó escrito "se requiere de mucha desesperación, insatisfacción y desilusión para escribir unos pocos buenos poemas". Si leemos a Bukowski, tanto en sus poesías como en relatos como Hijo de Satanás o novelas como Cartero o Mujeres, descubriremos algo más allá de esa imagen de macho borracho. Pero de ahí a invitarlo a cenar... ni escondiendo la coctelera (siempre llevaba una botella encima) nos íbamos a librar de sus groserías.
El conde polaco Jan Potocki (1761-1815) era un erudito cuya única obra de ficción, El Manuscrito Encontrado en Zaragoza, se ha convertido tras su recuperación en 1958, en una de las cumbres de la literatura fantástica. El libro, una colección de cuentos que encierran a su vez otros cuentos, es un apasionante relato cargado de humor, erotismo y elementos mágicos y fantasmagóricos inspirados en la España de tradición morisca. La primera parte del libro fue adaptada en un estupendo film polaco del año 1965, que merece ser recordado como una de las mejores películas europeas del género fantástico. Invitar al señor conde a una cena significaría tener una conversación culta y erudita, pero quién sabe cómo acabaría la cosa, sobre todo teniendo en cuenta que Potocki murió en la creencia de que se había convertido en un hombre lobo. Hasta tal punto llegó su creencia que se encerraba por las noches para no dañar a nadie. Su siguiente paso fue pulir la tapa de plata de una azucarera hasta darle forma de bala. El buen conde acudió una mañana al capellán del castillo para pedirle que bendijese el proyectil. Por último se voló la cabeza con la caída del sol. Nos abstendremos por tanto de invitar a cenar al buen conde, sobre todo, y por si acaso, en noches de luna llena.
Todo genio guarda un cadáver en el armario. Asesinos, suicidas, drogadictos, alcohólicos, maltratadores, psicópatas en potencia, obsesos sexuales, reaccionarios, onanistas, pederastas, esquizofrénicos, paranoicos, estafadores, tiranos... Un espacio dedicado a las mezquindades de los genios, o a las genialidades de los mezquinos...
...El asesinato es una forma de actuar impropia, altamente inadecuada, y no me importa decir que todo hombre que interviene en un asesinato tiene un modo de pensar muy incorrecto y unos principios muy erróneos... Pues si un hombre se deja tentar por un asesinato, poco después piensa que el robo no tiene importancia, y del robo pasa a la bebida y a no respetar los sábados, y de esto pasa a la negligencia de los modales y al abandono de sus deberes. Una vez empezada esta marcha cuesta abajo, no se sabe nunca dónde hay que pararse. Muchos hombres han iniciado su ruina al cometer un asesinato de un tipo u otro, que en ese momento creyeron que no tenía la menor importancia. (Thomas De Quincey - Del Asesinato Considerado como una de las Bellas Artes)