PROG ROCK II

La sociedad de la era progresiva
El nacimiento del Rock Progresivo no fue un hecho casual ni aislado, sino el producto coherente de una evolución musical y social, la de finales de los 60, que permitía por primera vez ese tipo de expresión artística en la música popular. De hecho la era del Rock Progresivo coincide con la muerte de la inocencia y del verano del amor. El sistema utilizó dos armas contra la generación hippy y su peligroso verano del amor, por un lado las drogas vendidas como elemento contra-cultural para destruir el movimiento desde dentro, por otro la publicidad que se le dio al caso de Charles Manson, asesino relacionado con el Rock (como vimos en el capítulo dedicado a Manson en Marzo) culpable del salvaje asesinato de la actriz Sharon Tate, para desprestigiarlo y atacarlo desde fuera. En seguida los medios relacionaron a la familia Manson con la peligrosa amoralidad de los jóvenes rockeros californianos y su “música rebelde”. Era el fin de la inocencia hippy. Esa leyenda negra acompañó al Rock durante los años 70 y 80 (aún se observaban reminiscencias del caso en las restricciones de la era Reagan), ensombreciendo sus logros pero también ayudando a la música a madurar. La mayor diferencia formal del Rock de los 70 es la diversificación en estilos. Los géneros se hicieron casi una bandera para público y artistas, y así nacieron el Glam Rock, el Hard Rock, el Rock Sureño, el Rock Progresivo, el AOR (Adult Oriented Rock), el Punk… Y ningún género de los 70 representa con mayor claridad la continuación de los músicos de los 60 como el Rock Progresivo. Eran un grupo de músicos que se negaron a rendirse ante las nuevas presiones acaecidas en el ocaso del verano del amor.

La historia del Rock Progresivo está muy relacionada con la de las escuelas de arte y las primeras comunas, hervideros culturales donde surgirían muchos de estos talentos. En cierto modo el concepto del Rock Progresivo es uno de los más revolucionarios que se ha atrevido a afrontar la música popular en su historia. Era un intento de nivelar musicalmente las caducas clases sociales desde su base más firme, la cultura. No es de extrañar que desde sus orígenes el Rock Progresivo reivindicara ser música hecha con el cerebro y para el cerebro, una música intelectual (frente al blues que se refiere directamente a otro órgano más… prosaico) que surge del academicismo al encontrarse con la realidad social de una nueva música, el rock’n’roll, o, mejor aún, de los jóvenes roqueros al asaltar las academias de arte. Al contrario que la psicodelia, el Prog no se relacionaba directamente con el consumo de drogas. Por primera vez la imaginación y el querer mirar más allá en el Rock no se veia condicionado a las sustancias alucinógenas… lo que suponía un triunfo para la creatividad y la libertad humanas. El nuevo estilo suponía un asalto a lo que se consideraba comercial en la época, los artistas antepusieron por un breve espacio de tiempo la creación artística al beneficio económico, desafiaba con su larga duración a las emisoras de radio y con su temática, compleja y rebuscada, planteaba al oyente la difícil tarea de pensar más allá de lo establecido. El Rock Progresivo no sólo supuso una revolución como concepto o por las variaciones formales que ofrecía frente a la visión tradicional de la música popular, también introdujo a menudo la crítica social. Los resultados musicales eran variados pero todos compartían un estilo compositivo que permitía a esta música mutar en sonidos muy diversos. Y en el camino de su experimentación el rock progresaría. En adición, la música en sí misma y la sociedad serían transformadas por un prodigioso caleidoscopio musical que nunca sería repetido. Desde ese punto de vista el Rock Progresivo es más que un estilo; es una era revolucionaria, de músicos que cambiaron su sociedad.


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