BORIS VIAN

Hay dos cosas que me gustan particularmente del maestro Boris Vian, una es su revolucionario sentido del humor, cualidad que el maestro dirigió a enterrar tópicos y crear una nueva forma de relatar, otra el hecho de que no fuera una hombre creado a sí mismo a fuerza de trabajar duro. Vian nació en una familia acomodada, con una renta considerable, y con valores tan sanos como el ateismo y el anti-militarismo inculcados desde la cuna. Esto es una prueba de la falsedad del hecho de que el hombre que se esfuerza por llegar a ser algo logra serlo y el que nace entre almohadas acaba siendo un inútil, creencia que tiende a glorificar el trabajo y criminalizar la pereza. Ahora bien, Vian utilizó sus ventajas para convertirse en un hombre apasionante, un nuevo renacentista en la Francia existencialista, pupilo de Alfred Jarry y compañero de Sartre. Nació en 1920 y muere en 1959, una existencia realmente corta (tan sólo 39 años) que el autor supo aprovechar para dar todo lo que pudo a la vida. Para inhalar aire y exhalar arte. Y en muchas facetas, ya que fue cantante, poeta, escritor, compositor musical, ingeniero, actor y trompetista. Precisamente el jazz fue una de sus pasiones, y dedicó buena parte de su existencia a la música y a las fiestas, a pesar de que el tocar la trompeta era negativo para un joven enfermizo como él, reumático, tendente a las fiebres y con afecciones cardiacas. En sus artículos y entrevistas para revistas de jazz llegó a conocer a Miles Davis, Duke Ellington y Charlie Parker.

La carrera de Vian no estuvo exenta de escándalos. Debía ser así ya que hablamos de un hombre adelantado a su era, un revolucionario que aspiraba a una sociedad más avanzada, lejos de lo marchito y lo duro, de lo acartonado y lo rancio. Publicó varias de sus novelas noir bajo el seudónimo de Vernon Sullivan. Su primera obra, Escupiré Sobre Vuestra Tumba, era una crítica al racismo. Contaba la historia de un negro de piel clara que venga la muerte de su hermano a manos de unos racistas. Vian aparecía acreditado únicamente como traductor de la obra. La fama del libro fue enorme y se creía que era un negro estadounidense el autor. Cuando se supo que un joven francés era responsable de semejante thriller salvaje y políticamente incorrecto se armó un auténtico escándalo y se condenó a Vian y a su editor por "ultraje a la moral y a las buenas costumbres". Finalmente el proceso judicial quedó en nada y Vian se convenció de que podía vivir de su obra literaria. A éste le siguieron otras joyas llenas de humor surrealista y una forma de narrar anárquica y pendenciera como Que Se Mueran los Feos, Con Las Mujeres No Hay Manera o El Otoño en Pekín. También una de sus mejores obras, la estupenda La Espuma de los Días, o la recopilación de cuentos El Lobo Hombre, una joya de la literatura tan estimulante para el intelecto como deliciosa para el paladar. Al menguarse sus éxitos literarios probó con otras artes, compuso una ópera, editó un disco y se fue de gira, recibiendo fuertes críticas por una de sus canciones, El Desertor, en la que animaba a no cumplir el servicio militar, e incitaba al presidente a que lo hiciera él mismo. Eran tiempos de colonialismo en Argelia y la canción pacifista de Vian fue recibida con fuertes críticas. En los 50 pasa a ser director artístico de la compañía Phillips y actúa en varias películas. Finalmente su corazón se apagó, había vivido deprisa, exprimiendo todo lo que pudo de una existencia epicurea y fascinante. Se había reído de la muerte y había desafiado los tópicos y las buenas formas. Había inmortalizado su obra antes de morir, y le esperaba el Olimpo. ¡Salve Boris!


3 comentarios:

Mari Pueyo dijo...

Pues la verdad es que a mi no me importaría haber compartido una cena con Boris. Es un tipo la mar de interesante. ^^

Molly Bloom dijo...

Yo lo invitaría a cenar sin dudarlo!, cazaríamos anguilas en la canilla del baño e intervendríamos en una pelea entre tres salchichas negras.

Humanoide dijo...

yo también lo invitaría. Discutiríamos sobre metaplasmos