


Jerry Reed (derecha) junto a Burt Reynolds en Los Caraduras
Reed fue un ejemplo a seguir por otros cantantes country y que bebe de los primeros cantantes vaqueros de la televisiones y los seriales matinales del cine. Pero si hay un artista que ejemplifica a la perfección la figura del cantante-actor es Kris Kristofferson. Uno de los grandes renovadores de la escena country a finales de los 60, Kris es un cantante reconocido mundialmente que además es considerado uno de los más importantes compositores del género gracias a temas como Help Me Make It Through The Night o Me And Bobby McGee. Este último tema se hizo mundialmente famoso después de que la genial Janis Joplin lo interpretase. La amistad entre ambos artistas era tan grande que tras la muerte de Joplin por sobredosis en 1970, un desencantado Kristofferson abandonó la música para dedicarse al cine. Desde luego con el tiempo Kris volvió a cantar, pero compaginando su música con una carrera cinematográfica interesantísima.
Kristofferson, de nuevo en Pat Garrett y Billy the Kid, junto a Bob Dylan
Kris tuvo la suerte de trabajar con otro de los grandes directores de la historia del cine, Martin Scorsese, en una de sus primeras películas, Alicia Ya No Vive Aquí (Alice Doesn't Live Here Anymore, 1974), una película feminista y atípica del director que contaba con grandes actores como Harvey Keitel y la maravillosa Ellen Burstyn. La película dio origen a la serie Alice e hizo que Kris saliera indirectamente en una de las obras maestras del cine, Taxi Driver, de Scorsese. En la película Cybill Shepherd le habla de Kris a Robert de Niro (Travis Bickle) y éste le regala a ella uno de sus discos. En 1976 protagoniza junto a Sarah Miles una de sus películas más polémicas, El Marino Que Perdió la Gracia del Mar (The Sailor Who Fell from Grace with the Sea), adaptación de la novela de Yukio Mishima (de quien hablamos el mes pasado, por cierto) en la que impactó tanto su brutal historia como los desnudos integrales de los protagonistas. Kris fue nominado al Globo de Oro por su papel.
Kris protagonizó la tercera (y peor) adaptación a la pantalla de Ha Nacido Una Estrella (A Star Is Born, 1976) tras la imposibilidad de Elvis Presley de participar en ella. Acompañado por Barbra Streisand, la película cuenta la historia de una estrella de rock en declive. Kristofferson mantuvo su carrera cinematográfica durante los años 80 y 90, logrando participar en éxitos como Lone Star (1996), Blade (1998) o la versión de Tim Burton de El Planeta de los Simios (Planet of The Apes, 2001). Kris ha sabido compaginar una sólida carrera musical con una interesante y comercial carrera cinematográfica con casi un centenar de títulos a sus espaldas.
Un Kristofferson ya talludito escucha a la Creedence mientras cura a Wesley Snipes en Blade
Otros artistas del country quisieron dar el salto a la gran pantalla, aunque ninguno con la calidad de Kristofferson. El legendario Johnny Cash participó en algunas películas, siendo especialmente notable el protagonizar junto a Kirk Douglas El Gran Duelo (Gunfight, 1971). Kenny Rodgers también ha participado en numerosas producciones televisivas y Willie Nelson hace frecuentes cameos en películas de gran presupuesto.
Por el lado femenino tenemos a uno de los iconos más reconocibles del country, Dolly Parton, quien ha participado en varias comedias, tanto como actriz como en la banda sonora, más notablemente Como Eliminar a su Jefe (9 to 5, 1980), junto a Jane Fonda, y La Casa Más Divertida de Texas (The Best Little Whorehouse in Texas, 1982) en que se notaba la química con su compañero de reparto, de nuevo Burt Reynolds. En futuros capítulos hablaremos de otros géneros como el pop y el rock que han dado grandes, o cuanto menos curiosos, cantantes-actores.
La carrera de Vian no estuvo exenta de escándalos. Debía ser así ya que hablamos de un hombre adelantado a su era, un revolucionario que aspiraba a una sociedad más avanzada, lejos de lo marchito y lo duro, de lo acartonado y lo rancio. Publicó varias de sus novelas noir bajo el seudónimo de Vernon Sullivan. Su primera obra, Escupiré Sobre Vuestra Tumba, era una crítica al racismo. Contaba la historia de un negro de piel clara que venga la muerte de su hermano a manos de unos racistas. Vian aparecía acreditado únicamente como traductor de la obra. La fama del libro fue enorme y se creía que era un negro estadounidense el autor. Cuando se supo que un joven francés era responsable de semejante thriller salvaje y políticamente incorrecto se armó un auténtico escándalo y se condenó a Vian y a su editor por "ultraje a la moral y a las buenas costumbres". Finalmente el proceso judicial quedó en nada y Vian se convenció de que podía vivir de su obra literaria. A éste le siguieron otras joyas llenas de humor surrealista y una forma de narrar anárquica y pendenciera como Que Se Mueran los Feos, Con Las Mujeres No Hay Manera o El Otoño en Pekín. También una de sus mejores obras, la estupenda La Espuma de los Días, o la recopilación de cuentos El Lobo Hombre, una joya de la literatura tan estimulante para el intelecto como deliciosa para el paladar. Al menguarse sus éxitos literarios probó con otras artes, compuso una ópera, editó un disco y se fue de gira, recibiendo fuertes críticas por una de sus canciones, El Desertor, en la que animaba a no cumplir el servicio militar, e incitaba al presidente a que lo hiciera él mismo. Eran tiempos de colonialismo en Argelia y la canción pacifista de Vian fue recibida con fuertes críticas. En los 50 pasa a ser director artístico de la compañía Phillips y actúa en varias películas. Finalmente su corazón se apagó, había vivido deprisa, exprimiendo todo lo que pudo de una existencia epicurea y fascinante. Se había reído de la muerte y había desafiado los tópicos y las buenas formas. Había inmortalizado su obra antes de morir, y le esperaba el Olimpo. ¡Salve Boris!
Las animaciones de Bill Plympton son un desafío a la realidad. Un continuo ataque terrorista a las formas conocidas. Metamorfosis y una mala uva políticamente incorrecta llenan el arte de un ilustrador que ha sabido mantenerse independiente y original pese a su éxito. Con un estilo muy peculiar, lleno de trazos abocetados y colores pastel, y unos argumentos que dislocan las formas hasta expandirlas y transformarlas de las maneras más insospechadas, el humor de Plympton está cargado de sadismo y sexo, tratados de forma lúdica y disparatada. Pareciera que Plympton supiera de las obsesiones de la sociedad y las ridiculizara hasta sus limitaciones máximas.
Animadores de la talla de Terry Gilliam o Matt Groening han admitido ser fans de Plympton, quien ha expandido su arte al largometraje con algunas joyitas animadas como ¡Me casé con un Extraño! (I Married A Strange Person!, 1997), Alienígenas Mutantes (Mutant Aliens, 2001) o la joya de terror gótico rockabilly Hair High (2004). El trabajo del animador también se ha visto reflejado en el mundo de la publicidad. Nunca está de más ver hasta dónde llega Plympton con sus animaciones imposibles, tratando de demostrar que la animación no es un medio exclusivamente infantil y que elementos como el sexo o la violencia pueden ser parte de sus argumentos. En la actualidad trabaja en un largo sin diálogos fiel a su estilo gamberro.
Asesinos desviados, monstruos deformes y cuerpos decapitados son elementos naturales en los escalofriantes relatos de Hino, plagados de detalles autobiográficos. En una de sus obras maestras, Panorama Infernal, Hino plaga el relato de recuerdos de su infancia. Nacido en China de padres japoneses, tuvo que soportar la discriminación contra los japoneses tras la Segunda Guerra Mundial y de hecho su familia tuvo que huir antes de ser linchados por sus vecinos, algo que queda reflejado en la que tal vez sea su obra maestra. Otro ejemplo: una inflamación de su intestino sirvió al autor de materia prima para realizar la que sea posiblemente su obra más enferma (y eso es mucha enfermedad), La Serpiente Roja. El autor sabe trasladar esos momentos de enfermedad, de anticipación a la muerte y de terror en su biografía para conseguir relatos llenos de un terror visual, grotesco y escatológico. En otros relatos Hino se muestra más compasivo hacia sus criaturas malditas y, aunque siempre les espera un final agonizante y tormentoso, las utiliza para denunciar la degradación de la sociedad y la marginación a lo distinto, así ocurre en obras tan interesantes como El Hombre Cadáver, El Niño Gusano o El Hijo del Diablo, obras llenas de ternura hacia lo monstruoso. El autor ha escrito algunas de las adaptaciones televisivas de sus obras, y también ha llegado a dirigir un par de películas gore en la serie Guinea Pig, el realismo de las escenas sangrientas era tal que corrió la leyenda urbana de que se trataba de snuff movies, lo que le trajo algún que otro problemilla a Hino. En cualquier caso, el medio para entender a Hino es leer sus mangas enfermos. Eso sí, absténgase aquellos con problemas de estómago...
La labor de ilustrador de Topor pronto se trasladó al mundo de la animación, colaborando con René Laloux en una de las obras más interesantes e inquietantes que ha dado el cine de animación, El Mundo Salvaje (La Planète sauvage, 1973). El largometraje de ciencia ficción marcó un antes y un después en el cine animado europeo. Su colaboración en el cine no se limitó a la animación, ya que participó como actor en varias películas, siendo destacable su papel en la versión que en 1979 hizo Werner Herzog del clásico Nosferatu. En 1988, en colaboración con el director Enrique Xhonneux, Topor adapta la vida del Marqués de Sade en una de las mayores marcianadas que ha dado el cine, Marquis, una película en la que todos los actores iban cubiertos con máscaras de animales, y donde el pene de Sade era un personaje más de la obra. Topor murió en 1997.
La labor de ilustrador de Topor pronto se trasladó al mundo de la animación, colaborando con René Laloux en una de las obras más interesantes e inquietantes que ha dado el cine de animación, El Mundo Salvaje (La Planète sauvage, 1973). El largometraje de ciencia ficción marcó un antes y un después en el cine animado europeo. Su colaboración en el cine no se limitó a la animación, ya que participó como actor en varias películas, siendo destacable su papel en la versión que en 1979 hizo Werner Herzog del clásico Nosferatu. En 1988, en colaboración con el director Enrique Xhonneux, Topor adapta la vida del Marqués de Sade en una de las mayores marcianadas que ha dado el cine, Marquis, una película en la que todos los actores iban cubiertos con máscaras de animales, y donde el pene de Sade era un personaje más de la obra. Topor murió en 1997.
Fernando Arrabal ha pasado por ser un borracho lunático tras su paso por un programa en 1989 donde comenzó a defender sus teorías en favor del mileniarismo, en uno de los episodios más vergonzantes de la historia catódica (que adjuntamos para deleite del personal). Lo cierto es que las excentricidades del hombre han ensombrecido al autor. Sobre todo conocido por su obra como dramaturgo, que ha sido premiada internacionalmente, y que conserva un espíritu transgresor y provocador, Arrabal ha sabido moverse en distintos terrenos, llegando a firmar siete películas de estilo surrealista, muchas de ellas adaptaciones de su obra literaria, algunas de ellas auténticas obras bizarras llenas de elementos disonantes como su ópera prima, Viva la Muerte.
Alejandro Jorodowsky ha pasado por distintas etapas y facetas, pero seguramente sea su labor como cineasta la que le ha proporcionado más fama y le ha labrado una imagen de autor inaccesible y polémico. Fascinado por el mundo teatral y la forma de transmitir de los mimos pasa un periodo de seis años al lado del mítico mimo Marcel Marceau. Tras esta temporada se establece en México, donde tras montar varias obras teatralas realiza la adaptación al cine de una obra de Fernando Arrabal, Fando y Lis. La obra fue muy polémica, tanto por su narrativa surrealista como por tocar temas escabrosos como la sexualidad con gente discapacitada. Jorodowsky llegó a ser amenazado de muerte y estuvo a punto de ser linchado, por lo que tuvo que escapar.
La distribución de ambas películas embarcó a Jorodowsky y a Klein en una batalla legal que no acabó hasta el 2004, cuando por fin se pudo llegar a un acuerdo. El siguiente proyecto del director nunca llegaría a realizarse, se trataba de la adaptación de la novela de ciencia ficción Dune, de Frank Herbert. Para ello contó con un equipo impresionante entre los que se contaban Orson Welles, Salvador Dalí, Pink Floyd y H.R.Giger. Especialmente interesante fue el aporte del ilustrador de comics francés Moebius, quien realizó numerosos bocetos que, al no realizarse la película, acabarían convirtiéndose en el mítico comic El Incal, guionizado por el propio Jorodowsky. Muchos de los elementos de la película, que finalmente no se realizó por retirarse la productora del proyecto, acabarían siendo el germen de Alien y Star Wars.
Tras varios proyectos fallidos, en 1989 rueda su última película interesante en México, Santa Sangre, una mezcla entre el giallo y el cine de Fellini, producida por Claudio Argento. Entre sus últimos proyectos fallidos se cuenta una segunda parte de El Topo protagonizada por Johnny Deep y Marilyn Manson (!), que es un gran fan de la obra del chileno. De hecho Manson se ha comprometido a interpretar a un Papa de 300 años en el último proyecto del director, King Shot. No se asusten, probablemente nunca veamos dicha monstruosidad.
El mundo del comic ha recibido numerosas obras de ciencia ficción escritas por Jorodowsky tras El Incal, colaborando con artistas de la talla de Juan Giménez, Janjetov o el citado Moebius. En dichos comics vuelve a utilizar la simbología y los elementos del tarot. Su pasión por éste le ha llevado a escribir varios ensayos sobre el mismo, llegando incluso a realizar sesiones como tarotista y ser considerado que él define como psicomago. Así que el transgresor director se ha convertido en un abuelete reciclado a gurú new wave. Atrás quedó lo de cambiar el mundo. Puede que Pan le arrastre un día de sus canas y le enseñe de nuevo el camino, pastando, con su flauta y tras las ninfas...