PETER SELLERS

Pensar que un cómico tiene que ser gracioso en su vida cotidiana es como decir que un músico se pasa el día con la guitarra en la mano. Por eso, si decidimos invitar a cenar al sr. Peter Sellers, probablemente el más hilarante humorista de todos los tiempos, es seguro que nos llevaremos una gran decepción. Sellers no era un hombre gracioso en el día a día. Sus biografías hablan de un hombre gris e introvertido, obsesionado por las mujeres, terriblemente celoso, maniático hasta la extenuación, cruel con sus hijos y muy difícil de llevar en el trato. Por eso, si tenemos que identificar a Sellers con uno de sus personajes no sería con el torpe pero entrañable Inspector Clouseau ni con el delicioso hindú Hrundi V. Bakshi de El Guateque (The Party, 1968) sino con el arisco y amargado sr. Hoffman de la genial película Hoffman (1970, incomprensiblemente titulada en España Amor a la Inglesa), uno de los mejores y menos conocidos trabajos del actor. En la película un mediocre ejecutivo de mediana edad obsesionado por la belleza de una joven secretaria de su empresa consigue coaccionarla para tenerla en su apartamento, con el objetivo de que se enamore de él. Sellers mantenía el mismo comportamiento compulsivo con el sexo femenino, y al igual que el personaje era más un ser deprimente e inseguro que el bufón al que acostumbramos a ver en sus películas. Un hombre incapaz de amar sin poseer.

El actor inglés Peter Sellers, hijo de una familia de tradición humorística, comenzó su carrera en el programa radiofónico The Goon Show que contaba con los guiones del genio del surrealismo Spike Milligan (autor de la brillante La Sala de Estar con Cama). En el programa, un claro precedente del show que luego harían en televisión los Monty Python, Peter demostró su tremenda capacidad para emular con su voz a decenas de personajes. El transformismo que Peter demostró en el rompedor programa de radio se convirtió en la marca de identidad del actor, quien dedicó su carrera a perfeccionar su arte del disfraz, realizando papeles diametralmente opuestos con una mímica espectacular. De hecho la capacidad para la falsificación de personajes se convirtió en obsesión para Peter, quien afirmaba que mientras conocía a la perfección cada uno de sus personajes, no sabía quién era él. Se sentía como una cáscara que llenar en cada nueva personificación. Entre papeles estaba perdido, temiendo enfrentarse al espejo.

Uno de los primeros papeles en el cine de Sellers fue en una obra maestra, la comedia de la mítica productora inglesa Ealing El Quinteto de la Muerte (The Ladykillers, 1955). Aunque realizaba un papel secundario, ensombrecido por la genial interpretación de otro transformista como era Alec Guiness, la película sigue siendo de imprescindinle visionado. Por cierto que también actuaba en la cinta Herbert Lom, el inmortal Inspector Jefe Dreyfus, álter ego de Clouseau en la saga de La Pantera Rosa. Otras joyas en las que Peter participó al comienzo de su carrera fueron La Batalla de los Sexos (The Battle of the Sexes, 1959), del experto en comedia Charles Crichton (Un Pez Llamado Wanda) y Un Golpe de Gracia (The Mouse that Roared, 1959), una curiosa comedia dirigida por el maestro de la ciencia ficción Jack Arnold (Tarántula, El Increíble Hombre Menguante) en la que Peter daba muestras de su temprano talento interpretando tres papeles, entre ellos el de una duquesa. Una de las primeras dificultades a las que se tuvo que enfrentar Peter al comienzo de su carrera fue su sobrepeso, que se convirtió en un problema cuando quiso dar el salto al cine fuera del Reino Unido. Peter se sometió a una estricta dieta y se obsesionó con sus problemas de peso. Fue para su primer éxito internacional, The Millionairess (1960), en donde compartía protagonismo con Sophia Loren. Ambos llegaron a grabar un single para promocionar la película, la peculiar Goodness Gracious Me, que se convirtió en un éxito internacional. El actor se obsesionó de tal manera con Sophia que le pidió el divorcio a su primera mujer. El detalle cruel fue que lo hizo delante de sus hijos. Ante tal escena su hija pequeña le preguntó “¿Nos amas aún papá?”, a lo que Sellers, ni corto ni perezoso respondió: “Sí, pero no tanto como a Sophia Loren”. Ni que decir tiene que la Loren nunca correspondió a la fascinación del actor.

En 1962 y 1964 trabaja con el genial Stanley Kubrick, con el que lograría algunos de sus mejores trabajos. Colaboraron primero en Lolita (1962) con un papel atípico para él, como el villano Clare Quilty, un antipático pederasta que utiliza su fama para seducir a Lolita, con el que Peter demostró su valía como actor dramático. Posteriormente en la brillante parodia de la guerra fría ¿Teléfono Rojo?, Volamos Hacia Moscú (Dr. Strangelove or: How I How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964) en donde Peter interpretaba tres papeles: el capitán Lionel Mandrake, el presidente de los EEUU y el delirante Dr. Strangelove del título original que acaba la película con la desternillante frase "Mein Fuhrer, I can walk!". Por su apabullante interpretación (escúchenlo en versión original y verán como Peter parece tres personas distntas) fue nominado por primera vez al Oscar. De hecho Peter iba a interpretar un papel más, el del teniente del B-52 que porta la bomba nuclear. Finalmente no pudo interpretar el cuarto papel por una lesión en su pierna. La película, en la que aparte de Peter destacaban Sterling Hayden y George C. Scott, ha hecho historia con su humor inteligente y su crítica a la política agresiva de la guerra fría. Algunas de sus frases han pasado a la historia del absurdo como la mítica "caballeros, no pueden pelearse aquí, ésta es la Sala de Guerra". Por cierto que la citada sala de guerra nunca existió, pero la capacidad mitificadora del film fue tal que Ronald Reagan cuando entró por primera vez en la Casa Blanca como presidente preguntó por la famosa sala. Peter Sellers siempre quiso ser recordado por sus espléndidos trabajos junto a Kubrick, pero el cine le reservaba un papel mucho más popular.

La figura del director Blake Edwards quedará para siempre unida a Peter Sellers ya que él le dirigió en la saga de La Pantera Rosa. Curiosamente Peter no fue la primera opción para interpretar al celebérrimo inspector Clouseau. El papel iba a ser para Peter Ustinov, quien se retiró del proyecto a última hora. Así Peter se hizo con el personaje que le proporcionaría la inmortalidad cinematográfica. En La Pantera Rosa (The Pink Panther, 1963), título fundacional de la saga, Peter dibujaría los aspectos básicos del personaje, que luego perfeccionaría en títulos posteriores. Blake Edwards, un gran admirador de los clásicos del cine mudo, era un experto en humor gestual, y fue el maestro que hizo de Peter Sellers el clown perfecto. Hasta entonces Peter destacaba por su capacidad a la hora de imitar voces, pero con Edwards se convierte en un mago de los gestos, bordando el papel del torpe inspector. La Pantera Rosa tiene además la cualidad de enfrentar a Sellers con su mejor pareja cinematográfica, el elegante David Niven, con el que volvería a coincidir en otras cuatro películas. El éxito de la película propició la creación de los célebres dibujos de la pantera rosa y la segunda parte de la saga, El nuevo caso del Inspector Clouseau (A Shot In The Dark, 1964), que se centraba totalmente en la figura de Clouseau. En el film, una de las mejores comedias de todos los tiempos, Sellers le añadía a su personaje el acento francés, y además incorporaba a la némesis del inspector, el Inspector Jefe Dreyfus y al mayordomo oriental Cato. En 1968 Edwards y Sellers volverían a hacer historia con la inmortal El Guateque (The Party), en la que Sellers volvía hacer gala de su humor visual en uno de sus papeles más recordados, el hindú Hrundi V. Bakshi. En 1975, probablemente necesitados de fondos, Edwards y Sellers retoman a Clouseau en una de las mejores películas de la saga, El Regreso de la Pantera Rosa (The Return of The Pink Panther) donde Christopher Plummer sustituía a David Niven en el papel de El Fantasma. Ante el éxito de la continuación en 1976 hacen una de las peores películas de la carrera de Peter, La Pantera Rosa Ataca de Nuevo (The Pink Panther Strikes Again), para retomar después la calidad del conjunto con La Venganza de La Pantera Rosa (Revenge of The Pink Panther, 1978). Tras morir Peter, Edwards hace la terrible Tras la Pista de La Pantera Rosa (Trail of The Pink Panther, 1982) con escenas eliminadas de otras películas. Todavía sería capaz de rodar dos cintas más sin Sellers, que aparte de otras dos cintas de el Inspector Clouseau rodadas por otros directores, forman las diez películas de la saga. Ninguno de los sustitutos de Sellers: ni Roger Moore, ni Alan Arkin, ni Steve Martin, ni mucho menos Roberto Begnini, le llegaron a la suela de los zapatos a Peter.

A medida que aumentaba la popularidad de Peter más excesivos se volvían su vicios. Su amistad con Roman Polansky, Sharon Tate, Blake Ewards y Ursula Andrews, sus cuatro matrimonios y su romance con la princesa Margarita pasaron en un mundo de jets privados, yates y el consumo todo tipo de sustancias. También fue íntimo amigo de los Beatles, de hecho llegó a grabar un disco de temas de los Fab Four, del que hemos rescatado su versión del She Loves You cantada por el Dr. Strangelove, y también hizo una delirante película junto a Ringo Starr, Si Quieres Ser Millonario No Malgastes el Tiempo Trabajando (The Magic Christian, 1968) en la que también participaban Raquel Welch y Christopher Lee (!). Peter tenía que pagar las facturas de sus vicios e hizo muchas películas mediocres en los años 70. Entre lo mejor de la década podemos destacar la divertidísima Un Cadáver a los Postres (Murder By Death, 1976) y la citada Hoffman (1970), una sus obras maestras. También tuvo algunos proyectos fallidos. Iba a rodar Bésame Tonto (Kiss Me, Stupid, 1964) con Billy Wilder, pero su estilo libre muy dado a la improvisación hizo que el director alemán lo sustituyera por el mediocre Ray Walston. Es una pena no haber podido ver en la misma cinta a Sellers y Dean Martin. También se lamentó de no haber participado en la primera versión de Los Productores (The Producers, 1968). Su director, Mel Brooks, estuvo detrás de Peter para que interpretara el papel protagonista, que al final fue a manos del insoportable Zero Mostel.


De sus cuatro matrimonios destaca el de la actriz sueca Britt Ekland. Sellers tuvo una actitud cruel hacia su familia. Dejó morir sóla a su madre en un hospital porque estaba trabajando, dejó sin herencia a sus hijos a los que regaló una infancia llena de anécdotas traumatizantes como cuando rompió todos los juguetes de su hijo porque éste rayó su deportivo. La vida de excesos que vivía le costó sufrir ocho infartos consecutivos en 1964, tras los cuales fue declarado clínicamente muerto. Aunque se le reanimó a tiempo, Peter quedó obsesionado con la idea de la muerte. Dijo haber experimentado como salía de su cuerpo y cómo una luz lo atraía. Dicha experiencia le produjo un acercamiento a una vida más espiritual durante un tiempo. Empezó a familiarizarse con creencias como la reencarnación, a interesarse por el cristianismo, a practicar y a ser asiduo cliente de espiritistas, pese a que nunca abandonó la logia masónica a la que pertenecía. Peter se declaró firme creyente del espiritismo, que se convirtió en una de sus mayores obsesiones. Pese a todo, la frustración que le produjo no poder alcanzar la paz interior que buscaba hizo que pronto volviera a su vida de excesos.
Su última gran película, Bienvenido Mr. Chance (Being There, 1979) parte de su obsesión por la muerte y la reencarnación. Peter produjo el film, y realizó una de las mejores interpretaciones de la historia del cine. La película es una maravilla cinematográfica que nadie debería pasar sin ver, un canto a la vida y un estudio sobre la muerte, lleno de momentos hilarantes (como la escena de sexo con Shirley McLaine) pero también de reflexiones sensibles y profundas. Peter estuvo nominado al Oscar por segunda vez por su papel de Chance (para el que se inspiró en Stan Laurel), pero de nuevo encontró el rechazo de la Academia. No ganar este premio frustró a Peter, quien acabó muriendo de un ataque al corazón en Julio de 1980. Tenía 54 años y a pesar de sus muchas contradicciones personales nos había legado una vida dedicada a hacer reír a otros.

Pero hay un dato más que añadir a la biografía del actor. Peter Sellers no murió realmente en 1984. Peter Sellers murió al poco tiempo de nacer en los años 20. Era hijo de una pareja de vodevil que había puesto grandes esperanzas en que su retoño se convirtiera en el mejor actor de todos los tiempos. Pronto tendrían otro niño, Richard Henri Sellers. Richard seguiría la carrera que tendría que haber acometido su hermano y se convertiría en el mejor actor cómico de todos los tiempos. Para su carrera adaptaría el nombre de su hermano muerto. Así nació la leyenda de Peter Sellers, un hombre que desde su origen ya estaba reemplazando a alguien, que ya estaba interpretando un papel y que dijo de sí mismo "hubo un yo detrás de la máscara, pero me lo extirpé con cirujía". En su búsqueda de la representación idéntica de otros, este camaleón humano perdió su propia identidad. Y sólo quedó la cáscara.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Brillante. Su mejor comentario sr. Honesto. Un justo homenaje al protagonista de El Irresistible Henry Orient (película que he echado en falta en el capítulo).

FRED EL HONESTO dijo...

Lo cierto es que nunca le vi la gracia a esa película. Tampoco a Casino Royale o What's New Pussycat, películas muy populares del actor que he optado por no incluir en el comentario.

Dragón de Azúcar dijo...

Dr. Strangelove es una obra maestra por donde se la mira, el trabajo de Kubrik y de Sellers es muy bueno, muy irónica la cinta.

Sólo una palaba sirva para describirla: Genial!

En cuanto a la saga de la Pentera Rosa, no me resultan buenas peliculas, pero si mejores que la version de Steve Martin, la cual es patética.

J.

FRED EL HONESTO dijo...

¡Lo mal que ha envejecido La Pantera Rosa! Para empezar es una película de entretenimiento, no llega al humor crítico de Teléfono Rojo. Pero es que esa escena final de la persecución de coches es un aburrimiento. De todos modos Blake Edwards tenía un gran problema, no sabía cerrar sus películas. Los finales suelen ser peores que los comienzos, que para mi es lo peor que le puede pasar a una buena película. En The Party pasa lo mismo. Me quedo con la segunda parte de la Pantera Rosa, A Shot In The Dark.