CHET BAKER

Chet Baker es uno de los más reconocidos iconos trágicos de la historia del jazz y de los mejores trompetistas de los 50. Baker se hizo un hueco entre las leyendas del género gracias o a pesar de ser blanco y endiabladamente hermoso, un factor que sin duda le ayudó al comienzo de su carrera pero también hizo que no fuese tomado demasiado en serio como intérprete. Con su estilo íntimo, tanto a la trompeta como cuando cantaba, casi susurrando, temas de amor, se vio dotado de un aura trágica y romántica que se sumó a las muchas adicciones que consumieron su vida. Baste ver alguna de las fotos de Baker al final de su carrera, en los años 80, para certificar cómo el tiempo segó la belleza del bardo del jazz. El rostro arrugado de Chet hablaba de una vida de excesos y tiempo robado.

Baker se enganchó a la heroína en los años 50 y fue encarcelado en varias ocasiones, pero no fue hasta los años 60 cuando su adicción empezó a interferir seriamente en su carrera. En 1960 es encerrado durante año y medio en Italia, y se pasó toda la década alternando actuaciones con detenciones. En 1966 es víctima de una paliza relacionada con sus adicciones, perdiendo parte de su dentadura y acarreando secuelas que sumadas a su drogadicción hicieron que dejara de tocar a principios de los 70. Baker necesitaba dinero para mantener sus adicciones y volvió a grabar sin ningún criterio más que el de conseguir dinero. En los años 80 fue reivindicado por gente como Elvis Costello, para quien grabó, o el cineasta Bruce Weber quien realizó en su homenaje el documental Let's Get Lost en 1987. Un año después Baker, tras haber mezclado heroína y cocaína, se lanzaba desde la ventana de un hotel en Amsterdam.