LENNY BRUCE

Y vi otra señal en el cielo, grande y admirable, que era siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas es consumada la ira de Dios. Esta cita con la que comenzamos nuestro entretenido capítulo de hoy proviene del Apocalipsis. Y poco podían imaginar los escribanos de la mitología hebrea que las plagas que invadirían el mundo no serían ni pestes ni nubes tóxicas, ni tan siquiera enfermedades de transmisión sexual, sino el más terrible invento jamás perpertuado por mente humana: los diabólicos monólogos humorísticos. Los llamados "stand-up comedy" en EEUU han sido desvirtuados hasta tal extremo en España que cualquier mentecato puede hablar sin sonrojarse de sus neuras pretendiendo, para colmo, que le riamos la poca gracia que Dios le ha dado. Hay tanto monólogo, y tan malo, invadiendo nuestras retinas a diario que la plaga Chiquito de hace una década parece una menudencia a su lado. Si hay que echar la culpa a alguien (por seguir con nuestro tono hebreo-católico del día) es al señor Lenny Bruce, responsable de renovar el género y darle transcendencia social en los años 60. Y también víctima de su candidez, al pensar inocentemente que en su país había libertad de expresión.

Lenny fue un auténtico rebelde de los 60, un mal humorista que decidió empezar a hacer de sus actuaciones pequeños escándalos públicos en los que mezclaba críticas a la religión, sexo a raudales y opiniones políticamente incorrectas sobre política y racismo, mezclando al KKK, las drogas y el aborto en semejante barullo inconformista. En un tiempo tan convulso como los años 60, con un país a punto de estallar en las universidades y los suburbios, Bruce fue un cabeza de turco para las autoridades, quienes le acosaron en parte debido a su popularidad entre la contracultura (Bob Dylan y Frank Zappa lo reivindicaban). Fue además el primer cómico que grabó sus actuaciones vivo y se hizo popular a nivel nacial gracias a sus apariciones en el show televisivo de Steve Allen. En 1951 fue arrestado por primera vez por suplantar a un cura para recaudar fondos para una leprosería, enbolsándose una parte de lo recaudado para su bolsillo, pero sus detenciones más recurrentes fueron detonadas por su lenguaje en el escenario. En 1961 le detienen por decir cocksucker (chupapollas) durante una actuación, a partir de entonces se sucederían una serie de injustificadas detenciones que se convirtieron en un acoso sistemático al cómico. A medida que las autoridades políticas y eclesiásticas más molestaban a Bruce, más se crecía éste en su lenguaje y más atraía al público. Pese a su popularidad el humorista tenía serias dificultades para poder actuar, debido a que la mayoría de los gobernadores prohibían sus actuaciones y al tiempo que tenía que pasar entre juzgados y prisiones.


A sus arrestos por obscenidad se sumaron sus problemas con las drogas y que le detuvieran también por posesión. Todo esto, sumado a sus problemas sentimentales, hicieron que Bruce fuera consumiéndose. El cómico se obsesionó con la defensa de la libertad de la expresión, convirtiendo sus actuaciones en aburridas peroratas judiciales y acabando con su fama por enfatizar un aire victimista y cada vez más descuidado. En 1966 murió por una sobredosis, con sólo 37 años. En 1974 el coreógrafo y cineasta Bob Fosse realizó el magnífico biopic Lenny, estructurado como un musical (sólo que en vez de canciones aparecían los monólogos de Bruce) y con un aire documental enriquecido por el blanco y negro. El papel de Bruce en el film lo bordó el genial Dustin Hoffman en una de las cumbres de su carrera. Hoffman supo retratar al hombre que de vivir hoy se reiría sin pudor de todo, empezando por los monologuistas baratos.