ERNEST HEMINGWAY

“Si no puedo existir a mi manera, entonces, la existencia es imposible”, dijo en una ocasión el escritor Ernest Hemingway, inmortal autor de Adiós a las Armas y El Viejo y el Mar, y sin duda uno de los escritores má simportantes del siglo XX. Y Hemingway vivió y murió bajo esa máxima. En 1961, cuando el escritor contaba con 61 años de excesos, y creyéndose enfermo de cáncer, decidió poner fin a su vida pegándose un tiro en la cabeza. Hemingway sufría un desorden mental conocido como trastorno bipolar. Sus continuos episodios de depresión y paranoia hicieron que fuera sometido a un salvaje tratamiento de electroshocks que acabaron por anular al hombre hecho a sí mismo, quien decía que su memoria había sido robada. Hipertensión, cirrosis, impotencia sexual y problemas cardiacos, sumados a su alcoholismo, se sumaron a la coctelera que hizo que el escritor apretara el gatillo. El autor, que había representado como nadie el papel de escritor-reportero, recorriendo guerras, medio aventurero y medio pirata, había vivido una vida de alcohol ("beber es cosa de hombres", solía decir, mientras combinaba dos litros de ron y tabletas de vitamina B en una misma tarde), mujeres y caza, una de las pasiones que mantuvo hasta sus últimos días. Obsesionado por las mujeres y su identidad masculina, y paranoico con la posibilidad de ser homosexual (siendo él mismo un homófobo consumado), forjó una imagen de macho, moldeada por el recuerdo de boxeadores, toreros, soldados y marinos que sembraron su vida y su obra. Su padre, dos de sus hermanos y su nieta, la modelo y mediocre actriz Margaux Hamingway también recurrieron al suicidio como salida de este mundo. En el caso de Margaux lo hizo un día antes de cumplirse el 35 aniversario de su célebre abuelo, tomando una sobredosis de un medicamento para la epilepsia. Tan desgraciada herencia familiar posiblemente se deba a una enfermedad hereditaria llamada haemocromatosis, que consiste en un exceso de hierro en la sangre que provoca episodios de depresión, amén de otros desórdenes. En cualquier caso Ernest apretó el gatillo cuando el macho estaba siendo castrado, siendo fiel a sí mismo y a su obra.


1 comentario:

Ramiro dijo...

amo a ese tipo