THE MISFITS

Siguiendo con la que parece ser la temática de este mes, maldiciones diversas (La Pandilla, Superman...) hablaremos hoy de The Misfits. Y no nos referimos al grupo de psychobilly norteamericano, sino a la película que John Huston realizó en 1961. El film, titulado en España Vidas Rebeldes, no es el mejor de la brillante carrera de Huston, pero tiene una magia especial. Es un mordisco de cruda realidad, una visión pesimista y amarga sobre el amor, la soledad y la vejez. Una historia de caballos destinados a convertirse en comida para perros que simbolizan a los seres humanos de la historia, unos perdedores, un tema rara vez tratado en el reino de los triunfadores y el "self-made man". No es extraño que el guión proviniese del dramaturgo Arthur Miller, casado en aquel entonces con Marilyn Monroe, para quien escribió el guión. Por encima de todo la película era un desesperanzado ménage à trois de fracasados interpretada por un trio de actores en las últimas, uno de ellos por estar ya en el ocaso de su carrera, Clark Gable, y los otros dos por estar en pleno proceso de autodestrucción, Marilyn Monroe y Montgomery Cliff. Para Gable y Monroe The Misfits supuso su última película, Monty realizaría alguna más (en papeles secundarios, eso sí) pero ya había elegido seguir el camino del precipicio. Por esto se suele considerar a The Misfits como una película maldita.
El primero en caer fue Gable. El actor murió en Noviembre de 1960 a causa de su cuarto infarto. Los rumores decían que el excesivo esfuerzo físico que el actor, de 59 años, tuvo que realizar durante la película, precipitó su muerte. La mujer de Gable dijo que había muerto debido a las eternas esperas a las que Marilyn sometía a sus compañeros en los rodajes. Bien conocida es la falta de profesionalidad y el egocentrismo de la actriz, pero parece que las esperas no fueron un factor decisivo en el infarto, sino más bien las salvajes dietas a las que el actor se sometía para intentar engañar al tiempo. Gable, uno de los iconos míticos del cine, pasa por ser uno de los actores clásicos gracias a su participación en auténticos mitos del cine como Sucedió una Noche (It Happened One Night, 1934), Lo Que el Viento se Llevó (Gone With the Wind, 1939) o Mogambo (1953). El actor tuvo que sufrir una terrible tragedia personal al perder el amor de su vida, la también actriz Carole Lombard, que murió con 33 años en un trágico accidente aéreo juntoa su madre y otras 20 personas, sin llegar a ver estrenada la que sería su mejor película, la obra maestra de la comedia Ser o No Ser (To Be Or Not To Be, 1942). Gable cultivó en su carrera una imagen de macho estoico e intentó ocultar con todas sus fuerzas los secretos ocultos del comienzo de su carrera, cuando obsequiaba con sexo oral a todo aquel que pudiera ayudarle a abrirse paso en su incipiente carrera. Uno de los beneficiarios del arte oral de Clark fue William Haines, uno de los primeros actores del cine sonoro. Con el tiempo Haines fue repudiado por la industria por su homosexualidad e incluso llegó a sufrir un terrible ataque por parte del Ku Klux Klan, pero también encontró una nueva vocación en el mundo de la decoración. Haines era íntimo amigo del brillante director George Cuckor, quien fue a su vez expulsado del rodaje de Lo Que el Viento se Llevó tras las presiones de Gable, que trajo a un director más macho para acabar la película, Victor Fleming. La historia del cine, tan turbia como la genérica, dice que Gable estaba celoso de la excesiva atención que Cuckor le otorgaba a las actrices. La realidad es que la película más famosa de todos los tiempos cambió de director porque Gable no podía soportar que le dirigiera alguien que conocía sus "primeros pinitos" en el mundo del cine.

Marilyn Monroe es otro icono inmortal del siglo XX. Su historia pasa por ser una de las más manoseadas y adulteradas del cine. Despertaba tantas pasiones entre el público como odios entre sus compañeros de profesión, hartos de los continuos desplantes que eran la rutina de la inestable actriz. Tony Curtis dijo en el rodaje de Con Faldas y a lo Loco (Some Like It Hot, 1959) que besar a Marilyn era como besar a Hitler. La rubia explosiva estaba especialmente dotada para la comedia, aunque en el comienzo de su carrera participó con pequeños papeles en algunos de los mejores melodramas y thrillers de todos los tiempos (Eva al Desnudo, La Jungla del Asfalto). De todos modos nadie supo sacar lo mejor de ella como el nunca suficientemente valorado Billy Wilder. Norma Jean Mortenson, su nombre real, fue un juguete roto. Una mujer comida por su propia leyenda, incapaz de amar, y que siempre buscaba la protección y el refugio en los lugares menos indicados. Uno de esos lugares fue la familia Kennedy. Tanto el presidente John Fitzgerald Kennedy como el senador Robert Kennedy jugaron a su antojo con Marilyn, abandonándola después. El 5 de agosto de 1962 Marilyn toma una mortal sobredosis de barbitúricos. Hoy en día se sigue especulando sobre el caso Monroe en centenares de libros y artículos. Hay para todos los gustos, los que relacionan a los Kennedy en el siniestro asesinato de la actriz, los que culpan a la propia Monroe y sus múltiples inestabilidades y hasta los que hablan de la intervención de Edgar Hoover por las relaciones de Marilyn con diversos comunistas. Lo que está claro es que fue víctima de su propio mito. Si alguien mató a Norma Jean fue Marilyn. En 1973 Elton John dedicó una canción a Marilyn, la popular Candle In The Wind. Lamentablemente tampoco este pequeño tributo se le permitió a la actriz, ya que en 1997 Sir Elton rehizo la canción para el funeral de otra rubia famosa, Lady Di. No nos extraña que Keith Richards dijese que Elton se había convertido en un músico de funerales.


El último damnificado en nuestra triste y siniestra historia es Montgomery Cliff, uno de los mejores actores y personas más autodestructivas de la meca del cine. La propia Marilyn lo definió como "la única persona que conozco que está en peor forma que yo". El inmortal actor de La Heredera (The Heiress, 1949) y De Aqui a la Eternidad (From Here to Eternity, 1953), era uno de los mejores exponentes de los actores del método, criado en el famoso Actor's Studio y ganándose una fama de actor independiente con poca fortuna a la hora de elegir sus papeles. Protagonizó Yo Confieso (I Confess, 1953) y tuvo serios enfrentamientos con su director, Alfred Hitchcock, quien no podía soportar a un actor que no actuase como ganado. Monty era una persona atormentada. Era homosexual y no era capaz de ocultar lo que sentía en el hipócrita juego que le proponía Hollywood. Al final en lo que se conoce como "el suicidio más lento de Hollywood" acabó contrarrestando su angustia vital con pastillas, alcohol y visitas a los peores antros gays de Nueva York. Murió el 23 de Junio de 1966. Aunque su breve aparición en Vencedores o Vencidos (Judgment at Nuremberg, 1961) mereció que fuera nominado al Oscar como mejor actor secundario (ya había sido nominado como actor principal en tres ocasiones), se suele considerar que The Misfits fue su último papel importante.