TIMOTHY LEARY

Las drogas sólo sirven para esconderse y a mí no me gusta ni esconderme ni la gente que se esconde.
Frank Zappa

Empezamos nuestro episodio de hoy con una frase de Zappa, uno de los pocos músicos que criticó abiertamente la glorificación del consumo de drogas en los 60. Por desgracia Zappa era una rara avis en la década prodigiosa, una era donde se relacionaba el uso de sustancias alucinógenas como una vía para explorar el propio ser y otras dimensiones. El personaje del que hablaremos hoy, Timothy Leary, fue el gurú del LSD. Aunque el inventor del popular ácido lisérgico fue el doctor Albert Hoffman, un químico que descubrió la sustancia por accidente en 1943, fue Leary su mayor difusor en los años 60, y el mayor responsable de su uso a nivel masivo. Leary era profesor de psicología en la Universidad de Harvard que en 1961 desarrolló un programa de estudio de la sustancia. Como un niño con caramelo nuevo, Leary se emocionó con la faceta hedonista del producto, que pronto mezcló con una filosofía místico-oriental. El consumo de los estudiantes se disparó y Leary fue expulsado dela Universidad.

Ya fuera del ámbito universitario, Leary se convirtió en un gurú de la cultura psicodélica. Aconsejaba el abandono de lo material y la experimentación con el LSD. Siguió experimentando y escribiendo libros en los que mezclaba sus cuelgues con filosofía tibetana. Leary tuvo varias detenciones y problemas con la ley, él contraatacó presentándose como candidato para gobernador de California, compitiendo con Ronald Reagan. En 1969 se une a la famosa protesta de John Lennon y Yoko Ono en la cama. La vida de Leary en los 70 es una continua carrera, con fugas de prisiones, huídas a otros países y todo tipo de rocambolescas aventuras. Richard Nixon lo etiqueta como "el hombre más peligroso de EEUU". En los, encarcelado, continúa su producción literaria, siendo compañero de celda de Charles Manson. Muere en 1996 de cáncer de próstata. Su influencia en la cultura popular de los 60 es amplia, sobre todo en la música pop. Lennon, con el que participó en la grabación de Give Peace A Chance, no habría escrito Lucy In The Sky With Diamonds de no ser por la influencia de Leary, ni los Pretty Things la más directa LSD. También es nombrado en canciones de The Who (The Seeker), the Moody Blues (Legend Of A Mind) y en el popular tema del musical Hair, Let The Sunshine In.

Viendo la leyenda de Lieary nos podría parecer un simpático Robin Hood lisérgico que luchaba contra el malvado gobierno de EEUU. Nada más lejos de la realidad. Leary fue, sin saberlo, un títere de la administración estadounidense, interesada en desprestigiar al movimiento estudiantil en EEUU. Recordemos que fue el movimiento en las Universidades una de las mayores presiones frente a la intervención militar en Vietnam. Al gobierno le interesaba destruir y desprestigiar al movimiento social desde dentro. Y las drogas funcionaron a la perfección. La imagen del hippy idiotizado por las drogas ha perdurado sobre la del joven comprometido con su tiempo. Leary fue un instrumento utilizado por el Gobierno. Como muestra vale saber que la CIA utilizaba el LSD en sus interrogatorios. Y respecto a los que sigan pensando que el LSD contribuyó a la creatividad de la música en los años 60... yo no dejo de pensar que Syd Barrett, el genial e imaginativo líder de los Pink Floyd originales, seguiría vivo de no ser por cómo los alucinógenos se comieron sus cerebros. Los genios que desarrollaron su potencial en los 60 lo hicieron gracias a su imaginación, a sus cualidades humanas. Y quien piense que lo hicieron gracias a sustancias externas, es que prefieren estar dormidos. Y no me voy a molestar en despertar a nadie, no tengo vocación mesiánica como Leary.