CHARLES BUKOWSKI

Alcohol, carreras de caballos, tango y mujeres. Así veía el mundo el macho de Bukowski. Así y con entrepiernas abiertas y vómitos, ya que sus novelas estaban salpicadas de un lenguaje directo que le marcó como uno de los mejores exponentes de la nueva literatura norteamericana. Bukowski era un individualista que escapaba a cualquier etiqueta, salvo a la de borracho. Los que dicen que la imagen del borracho que escribía se antepuso a la del escritor que bebía no tienen en cuenta que el propio escritor cultivó esa imagen con fruición. Bukowski inventó un personaje, Hank Chinaski, protagonista de la mayoría de sus novelas, que tenía mucho de autobiográfico. En sus novelas Charles relataba sus propias experiencias sexuales con las mujeres y sus interminables borracheras. Incomprensiblemente semejante misógino estaba siempre rodeado de mujeres dispuestas a entender su "espíritu beat", que era una especie de barra libre para el sexo y el alcohol. Tal vez sólo podamos entenderlo si leemos entre líneas sus maravillosas poesías, el cómo encierran tras el puñetazo de su lenguaje (lleno de humor negro) un alma atormentada y sensible. Como él dejó escrito "se requiere de mucha desesperación, insatisfacción y desilusión para escribir unos pocos buenos poemas". Si leemos a Bukowski, tanto en sus poesías como en relatos como Hijo de Satanás o novelas como Cartero o Mujeres, descubriremos algo más allá de esa imagen de macho borracho. Pero de ahí a invitarlo a cenar... ni escondiendo la coctelera (siempre llevaba una botella encima) nos íbamos a librar de sus groserías.