JAYNE MANSFIELD

El título de nuestro sobrecogedor relato del día bien podría ser "la bella y la bestia". Hoy hablaremos de una de las actrices menos dotadas para la interpretación y mejor dotadas en ciertos aspectos de su físico de la meca del cine. La señorita Jayne Mansfield fue un icono sexual de los años 50 y 60 que comenzó una errática carrera cinematográfica en un intento de competir con Marilyn Monroe. A pesar de ser notablemente más exhuberante que Marilyn, nunca pudo quitarse su halo de actriz de segunda fila, apareciendo en películas mediocres que siempre mostraban los encantos más evidentes de la actriz. Entre lo más interesante de su carrera cinematográfica está el haber participado en una de las películas clásicas del rock'n'roll, The Girl Can't Help It, en la que intervenían los míticos Gene Vincent, Little Richard y Fats Domino, y el film Bésalas por mí, realizado por Stanley Donen y protagonizado por Cary Grant.

Una de las razones por las que no invitar a la señorita Mansfield a cenar es el que sus más que generosos atributos (102-56-89) provoquen la envidia de las otras damas invitadas, como ocurre en la foto donde una atónita Sofía Loren no puede dejar de mirar a la Mansfield. Pero sobre todo no debemos invitarla teniendo en cuenta los antecedentes de la rubia actriz por juntarse con compañías de más que dudosa procedencia. Casada tres veces, entre ellos con un Mr. Universo, Jayne vivió los últimos años de su vida con una desmedida inclinación a las fiestas nocturnas y la vida de sociedad, mientras su carrera de iba hundiendo en títulos cada vez más mediocres.
Pero sin duda la relación que marcó el último año de la vida de Jayne fue el conocer a Anton Lavey, un admirador de la figura del brujo Aleister Crowley (1875-1947), lo que le impulsó a fundar en 1966 La Iglesia de Satán. Bajo tan siniestro nombre se esconde un culto pseudo-hippie más relacionado con una visión del mundo laica, intelectual y humanista, que con los sacrificios humanos con los que tradicionalmente se relaciona el satanismo. A pesar de sus supuestas buenas intenciones, Anton Lavey aprovechó toda una parafernalia siniestra para atraer acólitos en la era del amor libre. Su cabeza rapada y su aspecto demoníaco, unido a una serie de ritos pintorescos fue un buen gancho para darse a conocer. Entre los primeros curiosos de la comunidad hollywoodense estaba una fascinada Jayne Mansfield.

El flechazo fue instantáneo. Jayne y el Papa Negro mantuvieron un tórrido romance a espaldas de sus respectivas parejas. Dicha relación ha dado lugar a una famosa leyenda urbana. La leyenda dice que Mainsfield vendió su alma a Satán y por ello falleció en un accidente de coche en 1967, siendo decapitada en el mismo. La realidad parece bien distinta, Jayne no fue decapitada sino que sufrió una mutilación parcial en la parte superior de su craneo. Y el interés de Jayne hacia el satanismo era más bien profano, centrándose en las dotes amatorias de Lavey. Sin embargo, la maldición de Jayne siguió tras su muerte. En 1980 Arnold Schwarzenegger protagonizó un biopic sobre su vida, y en la actualidad Engelbert Humperdinck vive en su mansión, empeñado en hablar con su fantasma (ver capítulo anterior). Por todo esto, Jayne, preferimos no invitarte a cenar, no sea que la leyenda sea cierta y nos aparezcas como un Sleepy Hollow con silicona.