LEWIS CARROLL

Dejad que las niñas se acerquen a mí, podría titularse el capítulo de hoy. Esta es la historia de un conservador profesor de matemáticas, Charles Ludwidge Dodgson, puritano y aburrido, autor de decenas de libros de lógica, y con un secreto inconfesable para la beata sociedad británica de la época: pasó 25 años fotografiando a niñas desnudas. Cuando fue descubierto, ante el sonado escándalo, limitó su hobby a pintar en secreto retratos de sus ninfas infantiles. Lewis Carroll, seudónimo por el que sería el profesor recordado, era un hombre atormentado, probablemente virgen, obligado a convertirse en un hipócrita, del que sería heredero el personaje de Humbert Humbert de la novela Lolita de Nabokov. Y la lolita de Carroll fue Alice Lidell, una niña de once años, hija del decano de la Universidad para la que Carroll trabajaba, a la que el bueno del profesor hacía fotos en posturas insinuantes con el pecho al descubierto, a la que colmaba de regalos, cartas de amor y caricias. Un Carroll de 31 años llegó a pedir a la niña en matrimonio, algo que su madre no interpretó muy bien. La dichosa pareja fue separada, no sin antes prometer Carroll que escribiría las historias que solía contarle sobre una niña en un mundo mágico, como había prometido. La niña y el personaje compartían un nombre, Alicia.

Vistos así Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo, dos de los relatos fantásticos más fascinantes de la literatura universal, son frescos deliciosamente perversos que retratan la pérdida de la inocencia y la evasión a mundos sin límites a la imaginación (o a las leyes contra la pederastia). El libro surgió de un calentón del pícaro profesor quien mandó en 1864 el manuscrito original a Alicia. Nunca volvió a ver a la niña, quien conservó el manuscrito, y siguió recibiendo cartas del maduro Carroll con frases tan reveladoras como “He tenido montones de niñas-amigas desde entonces, pero todas han sido otra cosa”.